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sábado, 18 de junio de 2011

Millennium. (Hakim Bey)

1. Jihad

Cuando dos se disponen a cenar o a batirse en duelo, un tercero aparece – tertium quid, parásito, testigo, profeta, prófugo. [véase M. Serres, Hermes.]

Hace cinco años todavía era posible ocupar una tercera posición en el mundo, un “ni esto, ni lo otro” de negación o astucia, un dominio fuera de la dialéctica - incluso un espacio de retirada;– la desaparición como voluntad de poder.

Mas, ahora hay un sólo mundo – el triunfante “fin de la Historia”, fin del insoportable dolor de la imaginación — una apoteosis de Social Darwinismo cibernético, en efecto. El dinero se decreta a sí mismo ley de la Naturaleza, y demanda para sí libertad absoluta. Completamente espiritualizado, liberado de su cuerpo obsoleto (mera producción), circulando hacia la infinidad y la instantaneidad en una numísfera [numisphere] gnóstica muy por sobre la Tierra, el dinero por sí mismo definirá la conciencia. El siglo XX terminó hace cinco años; este es el milenio. Allí donde no hay segundo, no hay oposición, no puede haber un tercero, un “ni esto, ni lo otro”. Así, la opción se mantiene: o nos aceptamos como los “últimos humanos”, o nos aceptamos como la oposición. (O automonotonía — o autonomía.) Todas las posiciones de retirada deben ser re-consideradas desde un punto de vista basado en nuevas demandas estratégicas. En un sentido, estamos arrinconados. Como hubieran dicho los ideólogos de antaño, nuestra situación es “objetivamente pre-revolucionaria” una vez más. Más allá de la zona temporalmente autónoma, más allá de la insurrección, está la necesaria revolución — la “jihad”.

2. Uniformidad

El dinero del siglo XXI es un caos — mientras que la ideología del siglo XX era meramente una entropía. Ambos, el pensamiento burgués y el anti-burgués, proponían un único mundo — unificado en la conciencia por la ciencia — pero el dinero por sí solo podrá, de hecho, llevar a cabo ese mundo.

El dinero no es migratorio, pues el nómade se mueve de lugar a lugar, mientras que el dinero se desplaza de tiempo en tiempo, obliterando el espacio. El dinero no es un rizoma, sino un caos, una interdimensionalidad, inorgánica pero reproductiva [bifurcación regresiva infinita] — la sexualidad de lo muerto.

“El capital”, entonces, debe ser considerado como un “atractor extraño”. Quizás las matemáticas mismas de este dinero (”fuera de control”) podrían ya estar trazadas en redes esotéricas tales como SWIFT, la internet privada para bancos y casas de cambio, donde un trillón de dólares se solaza a sí mismo en el ciberespacio (y menos de su 5% se refiere siquiera oblicuamente a producción efectiva).

El mundo único puede relacionarse con el “caos”, pero reduce toda verdadera complejidad a uniformidad y separación. La conciencia misma “entra en la representación”; la experiencia vivida que demanda presencia debe ser negada para que no amenace con constituir otro mundo más allá de la clausura. En un cielo de imaginería sólo persiste la vida eterna de la pantalla, la puerta estelar gnóstica, el cristal de la descorporización [disembodiment]. Infinitamente la misma dentro de una infinitud de clausuras; infinitamente conectada pero infinitamente sola. Inconmensurable identidad del deseo, inconmensurable distancia de la realización.

3. Administración de los deseos

El mundo único no puede empacar el placer mismo, sino sólo su imagen; hermeticismo maligno, una suerte de baraka invertida, horizonte del acontecimiento o terminal del deseo. La “espiritualidad del placer” descansa precisamente en una presencia que no puede ser representada sin desaparecer; inexpresable, inimputable, posible sólo en esa “economía del regalo” que existe siempre (o que siempre es re-inventada) bajo la ortodoxia y la parálisis del intercambio. Defino aquí el deseo como movimiento sobre una trayectoria tal — no como la picazón que el dinero puede rascar.

La teoría radical ha desarrollado recientemente una problemática del deseo basada en la percepción de que al Capital le concierne el deseo y es capaz de satisfacerlo. El deseo, por lo tanto, es egoísta y reaccionario. Pero Benjamin ya ha mostrado que lo que le concierne al Capital es precisamente no satisfacer el deseo (i.e. proveer placer), sino exacerbar el anhelo a través del dispositivo de la “traza utópica” (las charranadas metafísicas de la mercancía, para parafrasear a Marx). Decir que el capital libera el deseo es un absurdo semántico basado en una mala traducción:– el Capital se libera a sí mismo esclavizando el deseo. Fourier afirmaba que las doce Pasiones — sin reprimir — constituyen la única base posible para la Armonía social. Puede que no sigamos su numerología, pero captamos su deriva.

Contra el hermetismo negativo del mundo único y su carnalidad fingida, la oposición propone una gnosis propia, una dialógica de la presencia, el placer de superar la representación del placer — una suerte de piedra de toque. Ni censura, ni administración de la imagen, sino al contrario — la liberación de la imaginación del imperio de la imagen, de su omnipresencia y singularidad dominantes. La imagen por sí sola es insípida, como una pera o un tomate bioindustrial — inodora como la civilización misma, nuestra “sociedad de la seguridad”, nuestra cultura de la mera supervivencia. La nuestra es, en parte, una lucha contra la escucha colonial y el acecho [gaze] imperial, y por el olfato, el tacto, el gusto — y por el “tercer ojo”.

Si el deseo ha desaparecido en sus representaciones entonces debe ser rescatado. Se requiere silencio y secretismo, incluso un velamiento de la imagen — en último termino un reencantamiento de lo prohibido. Sólo un eros que tienda hacia el escape del encierro en la banalidad de la imagen (y aquí la conciencia poco importa) puede armonizar con la estética de la jihad; que sea expresado en roles o actos convencionales o no-convencionales parece casi irrelevante.

La sexualidad [en sí] misma puede considerarse enteogénica — así como las “plantas sagradas”, puede proveer no sólo estructura cognitiva sino además contenido imaginal. Lo festivo es para nosotros al menos una “broma seria” [una antigua definición de la alquimia], si no una necesidad ritual. La “Ilustración” es también un principio corporal material — y nuestro secreto es que nuestro proyecto no necesita ser construido exclusivamente sobre la “nada” de Nietzsche.

4. Sombra verde

La salvajidad [wild(er)ness] representa esta mismísima irreductibilidad del deseo. La eliminación de lo no-humano invoca la eliminación de lo humano; la cultura sólo puede ser definida en relación a lo que no es. Aquí radica la profundidad del paganismo; en el Islam, el verde es un color heráldico porque “el agua, el verdor del follaje y un rostro hermoso” (como dijo el Profeta) tienen un privilegio ontológico en la experiencia — y son de hecho la base del rechazo esotérico a la uniformidad y la separación — lo divino como diferencia, inmanente y inmediato — no sólo en la “Naturaleza” sino incluso en el jardín o en la ciudad como espontánea cristalización orgánica del deseo de la vida por sí misma. Quizá a todo lo “verdaderamente” salvaje se lo ha hecho desaparecer en una administración cartomántica de los deseos — después de todo, el mundo único no sabe de otro — y si así fuera, su espectro se cierne sobre ese mundo. Puede ser reclamado; puede ser restaurado.

Si la Naturaleza es des-naturalizada en el asesino acecho museológico de la mediación y si “todo” está mediado (incluso la “percepción sensorial directa”), entonces ¿cómo podemos hablar de restauración o de “inmediatez”? Primero, porque (hablando de otra manera) no todo ha “entrado en la representación”. La afirmación del mundo único respecto de su unicidad es por supuesto espuria — persiste por definición un afuera para toda delimitación en la representación; sin mencionar una liminalidad alrededor de cada frontera, un área de ambigüedad. La unicidad se representa a sí misma como invulnerable — pero su debilidad se revela precisamente en el momento de nuestra percepción que no es reflejado en la experiencia vivida; se muestra a sí misma en dislocación, vacío, aburrimiento, empobrecimiento — este momento puede constituir el “desgarramiento del velo” que permitiría un vislumbre del futuro, o por lo menos de nuestro deseo por el futuro.

Segundo: podemos hablar aquí de restauración porque ni siquiera toda representación subsumida o producida en la clausura de la unicidad puede ser considerada como efectiva para servir a la represión. El lenguaje en sí mismo está poseído por las poéticas (a veces inintencionales) de su propia auto-superación, por lo subversivo, la “erupción de lo maravilloso”. La vida parece conspirar con esta exterioridad, tanto así que incluso la representación finalmente escapa a la representación.

5. Dinero

El verde está hecho para simbolizar la maldita fertilidad del dinero, su fecundidad contranatural — la alquimia de la expropiación, el peso infinito del acecho privilegiado y Masónico. Al trascender su propia textualidad deviene pura representación; desde el principio, sin embargo, desde las primeras fichas de arcilla o monedas de electrum, el dinero no era ya nada sino deuda, nada sino ausencia.

El dinero “en sí mismo” retiene una cierta inocencia como un simple medio de intercambio — dinero “pobre”, por decirlo de alguna manera, sin interés en la pura circulación. En este nivel el dinero puede jugar su rol incluso en la zona temporalmente autónoma; en relación a la jihad, no obstante, el dinero continúa siendo y debe ser considerado bajo el signo del Capital como la medida de la expropiación y el mitema básico de la separación.

Y en cuanto el dinero trasciende su textualidad en la virtualidad, el interés puede ser extraído de cada transacción, cada perturbación del éter; — el dinero “pobre” le abre camino al dinero “puro”. ¿Quién se beneficia?

La maquinaria global nunca caerá madura en las manos de las masas insurgentes, ni pasará al pueblo su Ojo único (como si a una de las tres Moiras ciegas); no habrá transición, suave o agitada, entre el Capitalismo y alguna utopía económica, alguna milagrosa salvación de la conciencia unificada del racionalismo y la cultura universal post Ilustración (con rincones acogedores para supervivencias excéntricas y dicha turística) — ninguna Social Democracia haciéndose cargo de los controles en nombre del pueblo. El “dinero-poder” (como los antiguos agrarios le llamaban) no está en el poder de una elite (sea conspiratoria o sociológica) — más bien la elite está bajo el poder del dinero, como los lacayos humanos contratados de alguna entidad de IA de ciencia ficción en el ciberespacio. El dinero-poder es la maquinaria global — sólo puede ser desmantelada, no heredada. ¿Aparecerá en la numísfera algún tipo de limite teorético, de manera que la burbuja estalle “por si misma”, por decirlo así? ¿Se dirige el capitalismo hacia la última recapitulación y la crisis final para acabar con todas las crisis, o encontrará una manera de lidiar con y incluso aprovechar de cualesquiera “limites al crecimiento” o perturbaciones caóticas dentro de su cerrada atmósfera de sofocación? [No Cambie el Canal.] En cualquier caso (para evocar a Gustav Landauer) no hay “inevitabilidad histórica” alguna de una revolución renacida en el momento mismo del triunfante Cierre de la dialéctica que opera el Capital.

[En un sentido el Capitalismo parece volverse “inevitable” con la invención de la escasez — el primer momento de expropiación. Pero, ¿precisamente dónde ha de ser localizado este momento? La agricultura es una gran crisis extensamente alargada — pero muchas sociedades tribales-horticulturales permanecen tan acérrimamente no-autoritarias y orientadas-al-regalo como los más puros cazadores-recolectores. Los antiguos estados jerárquicos (Sumeria, Egipto, la China Shang, etc.) e incluso el feudalismo todavía conservan economías de reciprocidad y redistribución; — el Mercado, como predicho por la Economía Clásica, simplemente no aparece (véase Karl Polyani). Además, cada amenaza de su emergencia es recibida con resistencia preciente [prescient] (como Clastres pudo haber predicho): — la separación y la expropiación nunca se quedan sin respuesta, y así nunca aparecen en su forma absoluta. No existe de hecho ley natural alguna de la circulación y el intercambio, ninguna fatalidad histórica, ninguna destinada atomicidad de lo social, y ningún mundo unificado de la representación. El capitalismo existe — pero no está sólo; la revolución es su otro. Y viceversa.]

No hay nunca un momento correcto para declararse en estado de rebelión. Siendo herejes perennes, ya hemos tomado nuestras opciones — como si en una encarnación previa, o en algún mítico tiempo fuera del tiempo, como si todo se pensara a sí mismo en nosotros o sin nosotros, y la negación fuera un tipo de pre-muerte tibia, una resignación en la morbosidad. No hay para nosotros un retorno a la inocencia en el éxtasis de 600 canales, ningún regreso a la así-llamada “Caída del Imperio Romano” o incluso al Neolítico temprano. Ya los primeros surgimientos de la separación en las tempranas formas del dinero y el Estado llegaron a la cima de una tradición de actualmente casi 10.000 años de antigüedad — en último término no importa si “ésta es la crisis” o no. Igualmente escogeríamos.

6. Asalto a la pantalla

Los medios de la uniformidad y la separación representan al mundo único en su forma más religiosa — la estructuración de lo social en imágenes. La mera conciencia de este proceso no puede superarlo — la oposición debe tomar también una forma religiosa en un reencantamiento de la contra-imaginería; aquí uno podría hablar de un racionalismo de lo maravilloso. La única vía para evadir la mera reacción (y así la subsunción en la imagen) parecería estar en la “sacralización” de nuestra lucha contra la uniformidad y la separación; — pero sólo el fracaso podría inducirnos a aceptar el término “Romanticismo” como crítica (o elogio) a nuestra propuesta.

Hace cinco años los medios de la uniformidad y la separación lograron casi la misma libertad y autonomía que el propio dinero como medio. Así, cambiaron su énfasis desde la mera supresión hacia la realización y al amalgamiento rompe-fronteras “interdisciplinario” de todos los modos de representación (desde la educación a la publicidad) en una singular catástrofe “polisémica” de la forma: — el cuerpo desplomado ante la pantalla, toda la corporalidad reducida a una oscuridad puesta en forma sólo por la luz del pléroma gnóstico, aquel reino de trascendencia del que los cuerpos son exiliados: — el cielo de cristal.

El viejo Dualismo ha implosionado en una topología totalizada definida por la geosofía gnoseográfica del dinero y su menos-que-uni-dimensionalidad. El “espejo de la producción” ha sido sobreseído por una transparencia completa, el vértigo del terror. La tierra, el trabajo, la naturaleza, el yo mismo, la vida misma, e incluso la muerte pueden ser re-inventadas como la base de todo intercambio — todo es dinero.

[Nota: No hace falta decir que estas generalizaciones no conciernen a la realidad, sino a la ideología del Capital global (la ideología de la estafa “post-ideológica”) — los pronunciamientos intoxicados de la “economía de la información” — la charada de la “desregulación” (¿cómo puede uno hablar de revolución cuando el Capital ya ha roto todas las reglas?). Por supuesto el Capital no ha trascendido realmente la producción, sino que meramente la ha resituado — en algún lugar cerca del dominio de la administración de cementerios o la eliminación de desechos. El Capital quiere éxtasis, no Taylorismo; anhela pureza, descorporización.]

La mediación extática finalmente bloquea la expresión en su raíz, como por ejemplo en la prótesis biotecnológica o la indiferenciación entre cuerpo y pantalla. Nupcias simuladas de Eros y Thanatos: — clausura terminal. La “jihad mayor” por supuesto está dirigida contra lo separado mismo — contra la sofocación del yo verdadero que debe expresar “su señor”, su significado profundo. Pero la “jihad menor” no es menos vital, ni está menos imbuida de baraka: — el asalto a la pantalla.

7. La moralidad de la violencia

Aquí, cualquier reaparición paradójica de la moralidad naturalmente comenzará sobre las ruinas de la ortodoxia — y no erigirá allí nada más permanente que las carpas negras de los beduinos de Ibn Khaldun. Y aún así, tarde o temprano, la jihad (la lucha) conduce de vuelta (vía ta’wil o exégesis hermenéutica) a la shariah o ley. Pero shariah también significa sendero, o vía — es ya el “camino abierto” del que deambula sin propósitos. Los valores emergen desde la imaginación, i.e. desde el movimiento. “Donde los dioses se han detenido” — esto es real. Pero los dioses siguen adelante; se mueven, como la luz sobre el agua en las Odas de Píndaro.

El attentat no es inmoral sino simplemente imposible. El mensaje del “terrorismo” es que ahí no hay un allí; sólo la cibergnóstica historia-vertedero de puro vacío y angustia – la “responsabilidad limitada” como un principio cósmico. Uno podría considerar una moralidad (quizás incluso una “moralidad imaginal”) de violencia contra ideas y instituciones — pero el lenguaje carece de términos para una forma como esa y así condena a la militancia a una indistinción de enfoque, incluso a un déficit atencional. En cualquier caso no es meramente una pregunta sobre el “estado espiritual” de uno, sino sobre una efectiva auto-reestructuración de la cognición — no un estado sino una “estación” en términos Sufí. Para tomar una frase del Ismaelismo, ésta es nuestra versión de la Da’wa al Qadimi o la Anciana Propaganda — antigua porque nunca nace completamente.

8. Fin de Siecle

No queda nada de futuridad en el concepto de utopía. “Esperanza contra la esperanza”; ninguna opción real está involucrada. La presencia sigue siendo impura — sólo la ausencia asume la cristalina forma esqueletal de la eternidad perfecta. Un juicio moral si se quiere: intolerancia por lo que se opone a la jihad — pero no más dandismo, no más quebradizas y elaboradas construcciones del yo.

La diferencia como identidad constituye un modo de expresión tanto como un modo de volición. Existe un tao de este proceso, un ordenamiento espontáneo más que un acecho Cartesiano imperialista. Este modo de expresión, en tanto refiere y pertenece a la cultura (el aspecto “auto-fabricado” de lo social), o configura una resonancia amplificatoria con la “Naturaleza” y es por lo tanto capaz de cambiar el mundo-como-consenso, o es mera estupidez criminal.

Aquí, una vez más, la “mera” conciencia importa poco; por eso emerge para nosotros un énfasis en los estados no-ordinarios que superen la dicotomía de la auto-intelección auto-reflexiva en la atención concentrada y en la “habilidad”. El auto-encierro del aislamiento estético o mental niega el hecho de que cada placer es una expansión, de que la reciprocidad es expansividad no-predatoria. Si la revuelta como expresión responde a la uniformidad y la separación simultáneamente, constituye por definición un movimiento hacia la diferencia y la presencia — y como decían los antiguos frenólogos, hacia la “comunicatividad”. Lo que no es mera “comunicación” — sujeta a la lata de la mediación y la descorporalización — ni “comunión” (un término que implica el autoritarismo exacerbado de una presencia reforzada) extática — sino más bien una conectividad convivial — un eros de lo social.

9. La revuelta del Islam

Federalismo proudhoniano basado sobre particularidades no-hegemónicas en una mutualidad “nomadológica” o rizomática de solidaridades sinergísticas — ésta es nuestra estructura revolucionaria. (¡La aridez misma de los términos sugiere la necesidad de una infusión de vida en el plano teórico!) La ideología Post-Ilustración experimentará mareos al notar las revolucionarias implicaciones de una religión o de una forma de vida siempre ya opuesta a la monocultura de la uniformidad y la separación. La reacción contemporánea palidecerá ante la idea de la interpermeabilidad, la porosidad de la solidaridad, convivialidad y presencia en cuanto complementariedad y resonancia armónica de la “diferencia revolucionaria”.

Tomar al Islam como ejemplo — la hiperortodoxia y la ulemocracia no pueden reducirlo tan fácilmente a una ideología hegemonística/universalística como para excluir a las formas divergentes de “política sagrada” llevadas a cabo por el Sufismo [por ejemplo, los Naqsbandis], el Shiismo radical [por ejemplo, Ali Shariati], el Ismaelismo, el Humanismo Islámico, la “Vía Verde” del Coronel Qadafi (en parte neo-Sufismo, en parte anarco-sindicalismo), o incluso el Islam cosmopolita de Bosnia. [Nota: mencionamos estos elementos no para condonarlos necesariamente, sino para indicar que el Islam no es un monolito de “fundamentalismo”.]

Tradiciones de tolerancia, voluntarismo, igualitarismo, preocupación por la justicia social, critica de la “usura”, utopismo místico — etc. — pueden formar constelaciones de nueva propaganda dentro del Islam, insacudiblemente opuestas al colonialismo cognitivo de la numísfera, orientadas a las “libertades empíricas” más que a la ideología, críticas de la represión en el Islam, pero comprometidas con su creatividad, reticencia, interioridad, militancia y estilo. La preocupación del Islam por la polución de la imaginación, que se manifiesta en un velamiento literal de la imagen, constituye un poderoso y estratégico darse cuenta; — aquello que está velado no está ausente o invisible, ya que el velo es un signo de su presencia, su realidad imaginal, su poder. Aquello que está velado es [lo] no-visto.

10. Volkways

Las sociedades tribales, abandonadas a sus propios dispositivos, libran guerras de una manera no tan hegemonística como aventurística — y como P. Clastres indicó, tales guerrillas horizontales (como otras costumbres “primitivas”) militan de hecho contra la emergencia de “el Estado” y su verticalidad: — violencia como una forma de resistencia contra la separación, que siempre es percibida por la tribu como una posibilidad peligrosa o “demoníaca” — violencia como una forma de la perenne reproducción por fisión o del quiebre y la redistribución del poder.

No se supone que la jihad sea un retorno de esta forma de violencia, sino una realización dialéctica de su contenido reprimido. Este principio permite una coalescencia de variegadas diferencias no sólo como un constructo utópico, sino como un haz estratégico — como una “máquina de guerra”.

Gustav Landauer deja claro que este tipo de agrupamientos pueden ser ellos mismos considerados tanto horizontalmente (o “federalmente”) como verticalmente — eso es, no como entificaciones categóricas, sino como volk, pueblos, “naciones” en el sentido Nativo-americano del término. Este concepto fue saqueado por vil reacción y distorsionado en la forma de un hegemonismo del peor tipo, pero puede bien ser rescatado (una “aventura” en sí misma). [¡Necesitamos re-leer a Proudhon, Marx, Nietzsche, Landauer, Fourier, Benjamin, Bakhtin, la IWW, etc. — de la forma en que el EZLN re-lee a Zapata!]

Landauer también señaló que el Estado es en parte una relación interior, y no un absoluto. En la medida en que el poder se muda desde el mapa nacional al “puro” Capital, el Estado exterior se vuelve cada vez más irrelevante como un foco de oposición. La “neutralidad” no es una opción: — una zona, o es parte del mundo único, o entra en la oposición. Si la zona de oposición coincide con ciertas entidades políticas, entonces puede que la revolución tenga que considerar alianzas políticas. La jihad mayor — contra la relación interna del poder — permanece siempre la misma; pero la jihad menor, contra la relación externa, cambia de forma constantemente.

[Nota: Todo depende de la percepción de que dos fuerzas — autonomía y federación — no son opuestas sino complementarias e incluso cómplices; si esto es una paradoja, entonces es una paradoja que debe ser vivida. A la limpieza étnica y al chauvinismo violento hay que oponerse desde el punto de vista del federalismo y la solidaridad porque el hegemonismo de tal reacción simplemente reproduce el hegemonismo (la crueldad) del mundo único y incluso lo argumenta. Y la diferencia auténtica (no-hegemónica) debe ser defendida porque (o en la medida en que) no puede o “no debiera” ser obliterada por el Moloch de la conciencia capitalista. Autonomía sin federalismo es, en el mejor de los casos, improbable, en el peor, reaccionario — pero un federalismo sin autonomía simplemente es una amenaza para el único valor que une a la jihad — la auto-determinación o “libertad empírica”.]

Para la coalescencia estratégica, la complejidad no es sólo una estética, sino una necesidad, un maquis o zona de resistencia cognitiva, un reino de ambigüedad donde el levantamiento debe encontrar su economía, sus centros. Toda “nación”, ya sea tradicional o auto-formada, y todo grupo que se mueva horizontalmente dentro o a través de este entorno — consejos, comités, sindicatos, festivales — de hecho, toda “individualidad soberana” — puede considerar la federación sobre la base de un frente anti-hegemónico ad-hoc contra la totalidad auto-proclamada de la uniformidad y la separación, y a favor de un mundo de diferencia y presencia.

Desde un cierto punto de vista, la fuerza de la presencia o de la solidaridad emerge de la realidad de la “clase” — aunque si adoptamos ese término debamos considerar los vastos realineamientos y las mutaciones caleidoscópicas de sentido que lo han desempacado y ensamblado como algo nuevo, despojado de sus atavíos decimonónicos, de su telos de mundo único y su estética monocultural — su cientificismo, sus desencantamientos, y su fatalidad. No es sólo una cuestión de la “proletarización de las zonas”, sino de la supresión ininterrumpida y “natural” de la conciencia autónoma (y aquí, la conciencia importa).


11. Soteriología revolucionaria

Así, el “mundo a ser salvado” por la jihad no consiste sólo en aquella Naturaleza que no puede sufrir un cierre final sin la fatal enajenación de la conciencia misma de toda “intimidad original”, sino también en el espacio de la cultura, del devenir auténtico: Tierra y Libertad*. La agricultura puede ser considerada como la Caída trágica desde la economía natural — (recolección, caza, reciprocidad) — e incluso como un cambio catastrófico en la cognición misma. Pero sostener la idea de su abolición involucra un nihilismo cripto-malthusiano o incluso biofóbico sospechosamente parecido al suicidio Gnóstico. La moralidad de la substrucción es ya una moralidad del rescate (y viceversa); la semilla de la nueva sociedad está siempre ya formándose dentro de la cáscara de la antigua. Lo que sea que el mundo único busque destruir o denigrar toma para nosotros el inequívoco aura de la vida orgánica; — esto es aplicable a toda la panoplia de nuestra actual “última edad de piedra”, incluso a sus refinamientos Fourieristas, incluso a su urbanismo surrealista (incluso la “Civilización” podría ser considerada como una “buena idea” si pudiera ser liberada de su propio determinismo predatorio), — esto define nuestro conservadurismo. Así, a pesar de todo, a pesar de las titánicas depredaciones de la inteligencia artificial del Capital, el “mundo a ser salvado” a veces difiere de “este” mundo sólo por un ínfimo [a hair’s-breadth] satori. Pero es enteramente desde esta grieta que nuestra oposición emerge. El milenio es siempre el abrirse de un momento presente — pero es también siempre el fin de un mundo.

12. El Imam oculto

El quid [jist] de la jihad: cuando la opresión toma la forma simultánea y incluso paradójica de la uniformidad y la separación, entonces la resistencia o la oposición lógicamente propone la diferencia y la presencia — una paradoja revolucionaria. La segmentaria sociedad rizomática de la identidad que se precipita desde esta lógica súper-saturada de resistencia puede ser contemplada desde cualquier ángulo, vertical u horizontal, diacrónico o sincrónico, étnico o estético — dentro del marco del único principio revolucionario anti-hegemónico de la presencia.

Nuestro presente estado de desatención irritable y aplanada sólo puede compararse a algún pecado esotérico medieval como la pereza espiritual o el olvido existencial; nuestro primer placer será imaginar para nosotros una propaganda tan potente como la “Llamada” gnóstica, una estética del arrepentimiento-y-la-conversión o de la “auto-superación”, un mythos Soreliano — un Milenio.

El panóptico ciego del Capital sigue siendo, después de todo, mayormente vulnerable en el dominio de la “magia” — la manipulación de las imágenes para controlar eventos, hermética “acción a distancia”. Si el tong provee una forma posible para la nueva propaganda por el hecho, entonces debe confesarse que la mera retirada estética (la desaparición como voluntad de poder) no puede suministrar suficiente calor para empollar el huevo de su secreto. Todo lo que alguna vez fue tertium quid está ahora (o pronto estará) comprometido o con la capitulación o con la oposición, como conflagración, como levantamiento contra la administración del deseo y la imaginación dentro de la clausura del mundo único.

Pero en una situación pre-revolucionaria la ventaja táctica de la clandestinidad, de lo no-visto (el lenguaje del corazón), ya le devuelve a la estética su centralidad revolucionaria. El arte de lo no-visto escapa a la absorción en el “discurso de la totalidad” basado en la imagen — y así, sin formas posibles, todavía perdura la promesa milenaria del arte, la transformación del mundo.

[Nota: el término “arte” se usa aquí en dos sentidos diferentes: — el primer sentido es quizás Romántico en que refiere el dilema del artista per se y el problema de la “vanguardia”. Pero el segundo sentido apunta a disolver toda la cuestión de la separatidad del arte en una práctica [practicum] que es “normal” y que intersecta (de hecho casi coincide) con el dominio de la experiencia vivida. Lo ordinario y lo extraordinario ya no se oponen aquí, y están quizás incluso en colusión, o en una danza de delineaciones fusionadas. Un truismo crudo: — el momento de lo bien-hecho es el propio material de la vida misma, de la saturación de la vida consigo misma; es en este sentido que las culturas tradicionales no vieron distinción alguna entre vida y arte. Si fuéramos a hablar de “arte político”, sólo podría ser en el sentido de una investigación del hecho de que para nosotros el Capital se define a sí mismo en el contexto de una división entre estas cosas que “no pueden” estar separadas. Pero este es un problema para cada “trabajador”, y no sólo para el “trabajador cultural” — y entonces en este sentido, el arte comienza a aproximarse a un área de identidad con la “acción revolucionaria”.]

13. Llamada y Respuesta

Hace menos de una década todavía era posible pensar al “enemigo” como la Maquina de Trabajo Planetaria, o el Espectáculo — y por lo tanto pensar la resistencia bajo la rúbrica de la retirada o incluso del escape. Ningún gran velo misterioso nos separaba de nuestra voluntad de imaginar otras formas de producción, lúdicas y autónomas, u otras formas de representación, auténticas y placenteras. La meta obvia era formar (o sostener) núcleos alternativos basados en la implementación de tales formas, desplegando la resistencia como una táctica en defensa de estas zonas (ya fueran temporales o permanentes). En aikido no hay tal cosa como la ofensa — uno simplemente se retira de la fuerza de un ataque, con lo cual la fuerza del atacante se vuelve contra sí y se vence a sí misma. El Capitalismo perdió de hecho algo de terreno ante estas tácticas, en parte porque era susceptible a las estrategias de una “tercera fuerza”, y en parte porque, en tanto ideología, permaneció incapaz de lidiar con sus propias contradicciones internas (la “democracia” por ejemplo).

Ahora la situación ha cambiado. El capitalismo está libre de su propio blindaje ideológico y ya no necesita conceder espacio a ninguna “tercera fuerza”. Aunque el fundador del aikido podía eludir balas, nadie puede hacerse a un lado del ataque violento de un poder que ocupa toda la extensión del espacio táctico. El escapismo es posible para el “tercer invitado, el parásito”, pero no para el único oponente. El capitalismo ahora está en la libertad de declarar la guerra y tratar directamente como enemigos a todas las anteriores “alternativas” (incluyendo a la “democracia”). En este sentido no nos hemos escogido como oposición — hemos sido escogidos.

En kendo se dice que no hay tal cosa como un movimiento defensivo, o bien que la única defensa es una buena ofensiva. El atacante, sin embargo, tiene la desventaja (desequilibrio) como en aikido: — entonces, ¿qué hacer? Una paradoja: cuando atacados, golpear primero. Claramente nuestras “alternativas” ya no son meras opciones interesantes, sino posiciones estratégicas de vida o muerte. No obstante, la revolución no es un combate de kendo — ni una moraleja. Podría parecer que nuestras tácticas se definirán no tanto por la historia como por nuestra determinación a permanecer dentro de la historia — no por “supervivencia”, sino por persistencia.

La cuestión de “¿Que Es Lo Que Se Debe Hacer?” hay que darla por sentada ahora, por dos razones: — primero, ya existen miles de organizaciones trabajando en la superficie [above-ground] por fines revolucionarios de facto (o por lo menos por buenas causas) — pero no hay mito organizador, no hay propaganda, no hay “conciencia revolucionaria” transformativa capaz de trascender la separación como institucionalización reformista y esclerosis ideológica [”sufragando los temas”]. Segundo, la mayor parte del “ilegalismo” está frustrantemente condenado a la contraproductividad y la recuperación precisamente por la misma razón — no hay conciencia, o más bien, no hay metanoia, no hay conciencia defragmentada. En una situación tal, ninguna coalescencia parece factible, y la jihad es enfrentada primero y principalmente por la necesidad brutalmente teorética de comprender y articular su propia historicidad. Hablar ahora de una “situación pre-revolucionaria” implica la ironía que tales términos deben invocar inevitablemente (la historia como una “pesadilla”)– ¿Qué signos se han presentado, y sobre qué horizonte?

Aquí debiera recordarse que la “propaganda por el hecho” pretendía originalmente incluir “buenos trabajos” así como trabajos violentos; la zona temporalmente autónoma retiene así su valor no sólo por ella misma, sino en tanto historización de la experiencia vivida, quizás incluso un modo de propaganda-en-acción. El levantamiento podría entonces ser visto como la propuesta de una “zona permanentemente autónoma”; y la coalescencia de muchos grupos tales constituiría la forma del “milenio”. Aquí incluso la “retirada” podría tener un valor como táctica – en la medida en que fuera coordinada y practicada militantemente a escala masiva — “paz revolucionaria”.

La mera expresión de un esquema como éste revela de una vez cuán distantes estamos de cualquier realización. Mientras que quisiéramos darnos el gusto de una cruda afición existencialista por la “acción”, o por lo menos por algún tipo de “anti-pesimismo”, cualquier discusión sobre tácticas reales en este punto bien podría resultar fatalmente (o absurdamente) prematura. Además, “¿Qué debería hacer?” es quizás la más mediada de las preguntas, aquella que garantiza hacer imposible toda respuesta.

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Tal es nuestra densidad que nos ha tomado cinco años comprender esto. Todo lo que alguna vez fue una “tercera vía” debe ser re-pensado a la luz de este sólo hecho: — un mundo nos enfrenta, no dos. Si la resistencia ha colapsado en una reñida nostalgia (1968 se ha vuelto tan “trágico” para nosotros como cualquier otro fracaso) — si la malicia [bitchiness] de izquierda y el particularismo fascista retienen un encanto como ese para los radicales exhaustos, etc. — entonces es porque hemos fracasado en articular este hecho singular incluso para nosotros mismos: — que al proclamarse a sí mismo como absoluto y construyendo un mundo sobre esa proclamación, el Capital ha hecho volver a la vida a su antiguo némesis (tan desacreditado por el siglo XX, tan muerto, tan apagado), lo ha invocado en una encarnación completamente nueva — como la defensa desesperada de todo lo que no puede ser encerrado — ha invocado a la revolución, a la jihad.

Hakim Bey
Nueva York/Dublín
Septiembre 1, 1996
Traducido por Pablo A. y Al Azif

[Nota: Esta versión, no necesariamente final, fue alcanzada con criticas y ayuda de varios grupos: el Libertarian Book Club de Nueva York, el colectivo editorial Autonomedia de Brooklyn. y el Garden of Delight en Dublin; las opiniones, sin embargo, son mías, no de ellos.]

* En castellano en el original.

** Una nota sobre la traducción. He puesto en itálica y entre corchetes las palabras en inglés que consideré preciso mantener junto a las traducidas, para que puedan compararse con mis propuestas de traducción y/o que puedan indicar un sentido más preciso de las palabras usadas. Agregué palabras, igualmente en itálica y entre corchetes, en castellano, porque consideré necesario o preciso adjuntarlas, para abrir o profundizar el sentido de lo dicho en el original. No hay notas al pie en el original, no hay notas al pie en la traducción. Si hay alguna palabra que no conoces, algún personaje que te intriga, alguna idea que quieras entender mejor, te invito a preguntarle a tu mejor amiga, conversarlo con tu profesor cercano, buscarlo en la biblioteca pública de tu área o, sin duda, investigarlo en fantásticas bases de datos de internet, como Wikipedia.

Caos. Los pasquines del anarquismo ontológico. (Hakim Bey)

Caos

CAOS NUNCA MURIO. Bloque primordial sin esculpir, único excelentísimo monstruo, inerte y espontáneo, más ultravioleta que ninguna ideología (como las sombras antes de Babilonia), la homogénea unidad original del ser todavía irradia serena como los negros pendones de los Asesinos, perpetua y azarosamente ebria.

Caos precede a todo principio de orden y entropía, no es ni Dios ni gusano, sus deseos insensatos abarcan y definen toda posible coreografía, todo éter y flogisto[1] sin sentido sus máscaras son cristalizaciones de su propia falta de rostro, como las nubes.

Todo en la naturaleza es perfectamente real incluyendo la conciencia, no hay absolutamente nada de lo que preocuparse. No sólo se han roto las cadenas de la Ley, es que nunca existieron; los demonios nunca guardaron las estrellas, el Imperio jamás se fundó, a Eros nunca le creció la barba.

No, escucha, lo que ocurrió fue esto: te mintieron, te vendieron ideas sobre el bien y el mal, te hicieron desconfiar de tu cuerpo y te avergonzaron de tu profesión del caos, se inventaron palabras de asco por tu amor molecular, te mesmerizaron con su indiferencia, te aburrieron con la civilización y con todas sus roñosas emociones.

No hay devenir, ni revolución, ni lucha, ni sendero; tú ya eres el monarca de tu propia piel; tu inviolable libertad sólo espera completarse en el amor de otros monarcas: una política del sueño, urgente como el azul del cielo.

Despojarse de todos los derechos y dudas ilusorias de la historia exige la economía de una legendaria edad de piedra; chamanes y no curas, bardos y no señores, cazadores no policías, recolectores de pereza paleolítica, dulces como la sangre, van desnudos como un signo o pintados como pájaros, en equilibrio sobre la ola de la presencia explícita, sobre el ahora y siempre sin relojes.

Los agentes del caos dirigen candentes miradas a cualquiera que sea capaz de atestiguar su condición, su fiebre de lux et voluptas. Sólo estoy despierto en lo que amo y deseo hasta el punto del terror; todo lo demás no es sino mobiliario amortajado, anestesia cotidiana, cagadas mentales, aburrimiento subreptil de los regímenes totalitarios, censura banal y dolor inútil.

Los Avatares[2] del caos hacen de espías, saboteadores criminales del amour fou, ni altruistas ni egoístas, accesibles como niños, con los modales de los bárbaros, excoriados de obsesiones, en el paro, sensualmente perturbados, ángeles-lobo, espejos de contemplación, ojos como flores, piratas de todo signo y sentido.

Aquí estamos arrastrándonos por las grietas entre las paredes de la iglesia estado escuela y fábrica, todos los monolitos paranoicos. Separados de la tribu por una nostalgia feraz escarbamos túneles tras las palabras perdidas, las bombas imaginarias.

El último acto posible es la que define la propia percepción, un cordón de oro invisible que nos conecta: baile ilegal en los pasillos del juzgado. Si hubiera de besarte aquí lo llamarían un acto de terrorismo; así es que llevémonos las pistolas a la cama y despertemos a la ciudad a medianoche como bandidos borrachos celebrando con andanadas, el mensaje del sabor del caos.

Terrorismo poético

BAILES INVEROSIMILES EN CAJEROS automáticos nocturnos. Despliegues pirotécnicos ilegales. Land art, obras terrestres como extraños artefactos alienígenas desperdigados por los Parques Naturales. Allana moradas pero en vez de robar, deja objetos Poético-Terroristas. Secuestra a alguien y hazlos felices. Elige a alguien al azar y convéncele de ser el heredero de una inmensa, inútil y asombrosa fortuna -digamos 5000 hectáreas de Antártida, o un viejo elefante de circo, o un orfanato en Bombay, o una colección de manuscritos alquímicos. Al final terminará por darse cuenta de que por unos momentos ha creído en algo extraordinario, y se verá quizás conducido a buscar como resultado una forma más intensa de existencia.

Instala placas conmemorativas de latón en lugares (públicos o privados) en los que has experimentado una revelación o has tenido una experiencia sexual particularmente gratificante, etc.

Ve desnudo como un signo.

Convoca una huelga en tu escuela o lugar de trabajo sobre las bases de que no satisfacen tus necesidades de indolencia y belleza espiritual.

El arte del graffiti prestó cierta gracia a los laidos subterráneos del metro y a los rígidos monumentos públicos; el TP también puede ser creado para lugares públicos: poemas garabateados en los lavabos del juzgado, pequeños fetiches abandonados en parques y restaurantes, arte en fotocopias bajo el limpiaparabrisas de los coches aparcados, Consignas en Letras Grandes pegadas por las paredes de los patios de recreo, cartas anónimas enviadas a destinatarios conocidos o al azar (fraude postal), retransmisiones piratas de radio, cemento fresco…

La reacción o el choque estético provocados por el TP en la audiencia han de ser al menos tan intensos como la agitación propia del terror -asco penetrante, excitación sexual, asombro supersticioso, angustia dadaesca, una ruptura intuitiva repentina- no importa si el TP va dirigido a una sola o a muchas personas, no importa si va “firmado” o es anónimo, si no transforma la vida de alguien (aparte de la del artista) es que no funciona.

El TP es un acto en un Teatro de la Crueldad[3] que no tiene ni escenario, ni filas de asientos, ni localidades, ni paredes. Con objeto de que funcione en absoluto, el TP debe desvincularse categóricamente de toda estructura convencional del consumo de arte (galerías, publicaciones, media). Incluso las tácticas de guerrilla Situacionistas de teatro callejero resultan ya demasiado conocidas y previsibles.

Una seducción exquisita -conducida no sólo por la causa de la mutua satisfacción sino también como acto consciente en una vida deliberadamente bella- puede ser el TP definitivo. El terrorista P se comporta como un estafador cuyo objetivo no es el dinero sino el CAMBIO[4].

No hagas TP para otros artistas, hazlo para gente que no repare (al menos por un momento) en que lo que has hecho es arte. Evita las categorías artísticas reconocibles, evita la política, no te quedes a discutir, no seas sentimental; se implacable, arriésgate, practica el vandalismo sólo en lo que debe ser desfigurado, haz algo que los niños puedan recordar toda la vida -pero no seas espontáneo a menos que la Musa del TP te posea-.

Vístete. Deja un nombre falso. Se legendario. El mejor TP está contra la ley, pero que no te pillen. Arte como crimen; crimen como arte.

Amour fou

EL AMOR FOU no es una Democracia Social, no es un Parlamento de Dos. Las actas de sus reuniones secretas tratan de significados demasiado enormes aunque demasiado precisos para la prosa. Ni esto, ni aquello -su Libro de Emblemas tiembla en tus manos.

Naturalmente se caga en los maestros de escuela y la policía, pero se burla de ideólogos y liberacionistas también -no es una habitación limpia y bien iluminada-. Un charlatán topológico proyectó sus pasillos y parques abandonados, su decoración emboscada de negro luminoso y rojo maníaco membranoso.

Cada uno de nosotros es dueño de la mitad del mapa; como dos potentados del renacimiento definimos una nueva cultura con nuestra mezcla anatema de cuerpos, con nuestra emulsión de fluidos -las junturas Imaginarias de nuestra Ciudad-estado se desdibujan en nuestro sudor.

El anarquismo ontológico nunca volvió de su última excursión de pesca. Mientras nadie se chive al FBI, a CAOS le importa poco el futuro de nuestra civilización. El amour fou sólo se cría por accidente -su objetivo principal es la ingestión de la Galaxia. Una conspiración para la transmutación.

Su único interés por la Familia reside en la posibilidad de incesto (”¡Críatelos tú!” “¡Cada humano un Faraón!”) -¡Oh mi más sincera lectora, mi semejante, mi hermana!- y en la masturbación de un niño descubre oculta (como en la pelota de una flor de papel japonesa) la imagen del desmoronamiento del Estado.

Las palabras pertenecen al que las usa sólo hasta que otro las vuelve a robar. Los Surrealistas se desgraciaron al vender el amour fou a la máquina fantasma de la Abstracción; buscaron en su inconsciencia sólo poder sobre otros, y en esto siguieron a de Sade (que sólo quiso “libertad” para que adultos blancos destriparan a mujeres y niños).

El amour fou está saturado de su propia estética, se colma hasta los propios bordes con las trayectorias de sus gestos, marcha con relojes de ángeles, no es el destino oportuno para comisarios y tenderos. Su ego se evapora en la mutabilidad del deseo, su espíritu comunal se marchita en el egoísmo de la obsesión.

El amour fou implica una sexualidad no ordinaria en la medida en que la brujería exige una conciencia no ordinaria. El mundo anglosajón post-Protestante canaliza toda su sensualidad reprimida hacia la publicidad y se escinde en turbas enfrentadas: mojigatos histéricos contra clones promiscuos y antiguos ex-solteros. El AF no quiere unirse al ejército de nadie, no toma parte en las Guerras de Género, se aburre con la igualdad de oportunidades en el empleo (de hecho rehusa trabajar para vivir), no se queja, no da explicaciones, nunca vota y nunca paga impuestos.

Al AF le gustaría ver gestar y nacer a cada bastardo; el AF prospera con ardides antientrópicos; al AF le encanta que lo acosen los niños; el AF es mejor que una oración, mejor que la sinsemilla; el AF lleva la luna y las palmeras allá por donde va. El AF admira el tropicalismo, el sabotaje, el break dance, a Layla y Majnum[5], el olor de la pólvora y del esperma.

El AF es siempre ilegal, ya vaya disfrazado de matrimonio o de tropa de boyscouts; siempre borracho, ya en el vino de sus propias secreciones o en el humo de sus propias virtudes polimorfas. No es el trastorno de los sentidos sino más bien su apoteosis -no el resultado de la libertad sino su precondición-. Lux et voluptas.

Niños Salvajes

EL INSONDABLE SENDERO LUMINOSO de la luna llena; medianoche a mediados de mayo en algún Estado que empieza por “I”, tan bidimensional que apenas puede decirse que posea geografía en absoluto -los rayos tan urgentes y tangibles que tienes que echar las persianas para pensar en palabras.

Sin duda escribir a los Niños Salvajes. Piensan en imágenes; la prosa es para ellos un código aún no enteramente digerido y osificado, tal como para nosotros nunca ha sido enteramente de fiar.

Puedes escribir sobre ellos, para que otros que hayan perdido la cadena de plata puedan reanudarse. O escribir para ellos, haciendo de HISTORIA y EMBLEMA un proceso de seducción hasta tus propios recuerdos paleolíticos, una tentación barbárica de libertad (el caos tal como CAOS lo entiende).

Para estas especies de otro mundo o “tercer sexo”, les enfants sauvages, la fantasía y la Imaginación aún no están diferenciadas. JUEGO desbocado: a la una y misma vez la fuente de nuestro Arte y del eros más raro de la estirpe.

Abrazar el desorden tanto como trampolín de estilo y como almacén voluptuoso, un fundamento de nuestra extraña civilización oculta, de nuestra estética conspiradora, de nuestro espionaje lunático -ésta es la acción (encarémoslo) ya de un artista de algún tipo, o de un niño de once o doce años.

Esos niños traicionados por sus sentidos clarificados en un hechizo brillante de hermoso placer reflejan algo tiznado y feraz en la naturaleza de la propia realidad: anarquistas ontológicos natos, ángeles del caos; sus gestos y olores corporales retransmiten a su alrededor una jungla de presencia, un bosque de presciencia al completo con serpientes, armamento ninja, tortugas, chamanismo futurista, revoltijo increíble, meadas, fantasmas, sol, corridas, nidos y huevos de pájaro; agresión jubilosa contra los mayores[6] de esos Planos Inferiores tan impotentes para englobar ni epifanías destructivas ni creación en la forma de travesuras tan frágiles pero tan afiladas como para rebanar un rayo de luna.

Y aún así los habitantes de estas dimensiones inferiores de poca monta creen sinceramente que controlan los destinos de los Niños Salvajes; y aquí abajo, tan crueles creencias de hecho esculpen la mayor parte de la substancia de los acontecimientos.

Los únicos que efectivamente desean compartir más que dictar el travieso destino de esos fugitivos salvajes o guerrillas menores, los únicos que pueden entender que amarse y desatarse son un mismo acto; ésos son sobre todo artistas, anarquistas, pervertidos, herejes, una banda aparte (tanto entre sí como del mundo) o sólo capaces de encontrarse como podrían hacerlo niños salvajes, intercambiando miradas a lo largo de la mesa en la cena mientras los adultos farfullan detrás de sus caretas.

Demasiado jóvenes para choppers Harley; cateadores, break dancers, poetas apenas adolescentes de llanos pueblos de tranvía perdido; un millón de chispas cayendo de los cohetes de Rimbaud y Mowgli; esbeltos terroristas cuyas estentóreas bombas se compactan con amor polimorfo y preciosos restos de la cultura popular; pistoleros punks soñando con ponerse pendiente, ciclistas animistas planeando en el anochecer de peltre a través de las calles de Protección Oficial de flores accidentales; bañistas gitanos fuera de temporada, sonrientes ladrones de tótems de poder, de monedas sueltas y cuchillos de hoja de pantera que miran de reojo -los intuimos por todas partes- publicamos esta oferta para cambiar la corrupción de nuestra propia lux et gaudium por su dulce y perfecta porquería.

Así que atiende: nuestra realización, nuestra liberación depende de la de ellos; no porque remedemos a la Familia, esos “usureros del amor” que nos tiene rehenes de un futuro banal, ni al Estado que nos escolariza para hundirnos bajo el horizonte de eventos de una plúmbea “utilidad” -no; sino porque nosotros y ellos, los salvajes, somos unos imágenes de los otros, estamos atados y delimitados por esa cadena de plata que define el margen de la sensualidad, de la transgresión y la visión.

Compartimos los mismos enemigos y nuestros medios de escape triunfal son también los mismos: un juego delirante y obsesivo, impulsado por la brillantez espectral de los lobos y los niños.

Paganismo

CONSTELACIONES BAJO LAS QUE VIRAR EL rumbo de la nave del alma. “Si el musulmán entendiera el Islam se volvería un idólatra.” –Mahmud Shabestari Eleggua, el abrepuertas malcarado del garfio en la cabeza y caracolas en los ojos, santería negra habano y vaso de ron; el mismo que Ganesh, muchacho gordo de los Comienzos con cabeza de elefante que viaja montado en un ratón. El órgano que siente las atrofias numinosas a través de los sentidos. Aquellos que no saben sentir una baraka no han de conocer la caricia del mundo.

El Poimandres de Hermes enseñó la animación de los eidolones, la mágica habitación de espíritus en los iconos; pero aquellos que no puedan celebrar este rito en sí mismos y en la totalidad de la fibra palpable del ser material sólo heredarán melancolía, basura, ruina.

El cuerpo pagano se vuelve una Corte de Ángeles que entera percibe este lugar -esta misma arboleda- como el paraíso (”¡si hay un paraíso, sin duda está aquí!” inscripción en las puertas de un jardín de Mughal).

Pero el anarquismo ontológico resulta demasiado paleolítico para la escatología -las cosas son reales, la brujería funciona, nos hechiza con la Imaginación, la muerte y la desagradable vaguedad -el argumento de Las Metamorfosis de Ovidio- una épica de la mutabilidad. El paisaje mítico personal.

El paganismo aún no ha inventado leyes -sólo virtudes. Ni sacerdocio, ni teología, ni metafísica, ni moralidad; sino un chamanismo universal en el que nadie obtiene verdadera humanidad sin una visión.

Comida dinero sexo sueño sol arena y sinsemilla; amor verdad paz libertad y justicia. Belleza. Dionisos el muchacho ebrio en una pantera -exuberante sudor adolescente- Pan el cabrero avanza a través de la tierra sólida por la cintura como si fuera el mar, su piel encostrada de musgo y liquen; Eros se multiplica en una pastoral docena de jóvenes granjeros desnudos de Iowa con los pies embarrados y zupia de charca por los muslos.

Cuervo, el estafador del potlach[7], a veces muchacho, o vieja, o pájaro que robó la luna, agujas de pino flotando en un estanque, cabeza de tótem Heckle/Jeckle[8], coro de grajos de ojos de plata bailando sobre la pila de madera; el mismo que Semar el albino jorobado hermafrodita patrón marioneta en la sombra de la revolución Javanesa.

Yemaya, diosa estrella azul del mar y patrona de los maricones; la misma que Tara, faceta azulgrís de Kali, collar de calaveras, bailando en el tenso lingam[9] de Shiva, lamiendo nubes monzónicas con su lengua de un metro; la misma que Loro Kidul, la diosa verde jade del mar Javanesa que otorga a los sultanes el poder de la invulnerabilidad por trato carnal tántrico en torres mágicas y cuevas.

Desde cierto punto de vista el anarquismo ontológico se ve tremendamente desnudo, despojado de todas las cualidades y posesiones, pobre como CAOS mismo; pero desde otro punto de vista pulula barroco como los Templos del Folleteo de Katmandú o un libro de emblemas alquímico; se tumba tan largo es en su diván comiendo loukoum y entreteniendo nociones heréticas, una mano dentro de los pantalones bombachos.

Los cascos de sus naves piratas están lacados de negro, las velas latinas son rojas, banderas negras con la divisa de un reloj de arena alado.

Un Mar de la China del Sur mental, frente a una costa de jungla llana de palmeras, templos de oro podrido a dioses bestiales desconocidos, isla tras isla, la brisa como húmeda seda amarilla en la piel desnuda, navegando bajo estrellas panteístas, hierofanía sobre hierofanía, luz sobre luz contra la luminosa y caótica oscuridad.

Sabotaje del arte

EL SABOTAJE DEL ARTE BUSCA ser perfectamente ejemplar y a un tiempo retener cierto elemento de opacidad -no propaganda sino choque estético- terriblemente directo pero sutilmente angulado también; acción-como-metáfora.

El Sabotaje del Arte es la cara oculta del Terrorismo Poético –creación-a-través-de-la-destrucción– pero no ha de servir a Partido alguno, ni al nihilismo, ni siquiera al arte mismo. Tal como al desterrar las ilusiones se intensifican los sentidos, así la demolición de la plaga estética dulcifica el aire del mundo del discurso, del Otro. El Sabotaje del Arte sólo sirve a la conciencia, a la atención, a la vigilia.

El SA va más allá de la paranoia, más allá de la desconstrucción -la crítica definitiva- ataque físico al arte ofensivo –jihad estética. La mínima mancha de mezquino ego-ísmo o incluso de gusto personal contamina su pureza y menoscaba su fuerza. El SA no puede nunca buscar el poder -sólo puede liberarlo.

Las obras de arte individuales (incluso las peores) son en gran medida irrelevantes –el SA busca dañar aquellas instituciones que se sirven del arte para limitar la conciencia y enriquecerse con castillos en el aire. Este o aquél poeta o pintor no ha de ser condenado por una falta de visión –pero las ideas malignas sí que pueden ser asaltadas a través de los artefactos que generan. El MUZAK[10] está diseñado para hipnotizar y controlar –su maquinaria bien puede ser destrozada.

Quemas públicas de libros –¿por qué han de ser fachas y funcionarios de aduanas los que monopolicen este arma? Novelas sobre niños poseídos por el diablo; la lista de libros más vendidos del New York Times; panfletos feministas contra la pornografía; libros de texto (especialmente Ciencias Sociales, Civismo, Salud); pilas de El Tiempo, El Mundo y otros periódicos de supermercado; recortes seleccionados de editoriales cristianas; unas cuantas novelas rosa –atmósfera festiva, botellas de vino y canutos rulando en una clara tarde de otoño.

Tirar el dinero en La Bolsa[11] fue una forma de Terrorismo Poético bastante oportuna –pero destruir el dinero hubiera sido buen Sabotaje del Arte. Ocupar retransmisiones de TV y difundir unos minutos pirateados de incendiario arte Caótico constituiría una hazaña del TP; pero simplemente volar la torre de transmisiones sería un Sabotaje del Arte perfectamente adecuado. Si ciertas galerías y museos se merecen un ocasional ladrillazo en los cristales –no destrucción, sino un pescozón a la complacencia– entonces qué pasa con los BANCOS? Las galerías convierten la belleza en mercancía pero los bancos transmutan la Imaginación en heces y en deuda. ¿No ganaría el mundo un grado de belleza con cada banco que se pudiera hacer temblar… o caer? ¿pero de qué manera? El Sabotaje del Arte debería seguramente mantenerse alejado de la política (es tan indigesta…) –pero no de los bancos.

No hagas piquetes; practica el vandalismo. No protestes; desfigura. Cuando la fealdad, el diseño pobre y el derroche estúpido te son forzados, vuélvete Ludita[12], mete el zapato en la rueda, contraataca. Destroza los símbolos del Imperio en nombre de nada sino del anhelo de gracia del corazón.

Los Asesinos[13]

A TRAVES DEL LUSTRE DEL desierto y hacia las polícromas colinas, violeta ocre calvo pardo y sombra en la cima de un desecado valle azul los viajeros encuentran un oasis artificial, un castillo fortificado de estilo sarraceno que guarda un jardín oculto.

Como huéspedes del Viejo de la Montaña Hassan i Sabbah[14] suben los escalones cortados en la roca del castillo. Aquí el Día de la Resurrección ya ha llegado y se ha ido; sus moradores viven fuera del Tiempo profano, al que mantienen a raya con dagas y venenos.

Tras el almenado y las troneras de las torres los eruditos y fedayines se despiertan en estrechas celdas monolíticas. Mapas estelares, astrolabios,[15] alambiques y retortas, pilas de libros abiertos bajo un rayo de sol vespertino; una cimitarra desenvainada.

Cada uno de aquellos que entran en el reino del Imán del propio ser se convierte en un sultán de la revelación invertida, un monarca de la abrogación y la apostasía. En una cámara central festoneada de luz y adornada con tapices arabescos se tumban en cojines y fuman largos chibouks de haschish con esencias de opio y ámbar.

Para ellos la jerarquía del ser se ha compactado en un punctum sin dimensiones de lo real –para ellos las cadenas de la Ley se han roto– terminan su ayuno con vino. Para ellos el exterior de las cosas es su interior, su verdadero rostro brilla directamente a través. Pero las puertas del jardín están camufladas con terrorismo, espejos, rumores de asesinato, trompe l’oeil, leyendas.

Granada, mora, caqui, la melancolía erótica de los cipreses, rosas color membrana de Shiraz, braseros de aloes de La Meca y benjuí, firmes tallos de tulipanes otomanos, alfombras extendidas como jardines de mentira sobre un césped de verdad; un pabellón levantado con un mosaico de caligramas; un sauce, un regato con berros; una fuente acristalada de geometría por debajo; el escándalo metafísico de las odaliscas bañándose, de los húmedos coperos morenos jugando al escondite entre el follaje; “agua, verdor, bellos rostros”.

Por la noche Hassan-i Sabbah como un civilizado lobo con turbante se despereza en un parapeto sobre el jardín y tiende una aviesa mirada al cielo, gobernando las constelaciones de la herejía en el indolente aire fresco del desierto. Es cierto, en este mito algunos discípulos aspirantes pueden recibir órdenes de caminar por la plancha hacia las tinieblas; pero también es cierto que algunos de ellos aprenderán a volar como brujos.

El emblema de Alamut permanece en la mente, un mandala o círculo mágico perdido para la historia pero embebido o impreso en la conciencia. El Viejo revolotea como un fantasma por las tiendas de reyes y las alcobas de teólogos, traspasa todas las cerraduras y guardas con olvidadas técnicas musulmanas/ninja, deja atrás los malos sueños, los estiletes en las almohadas, los poderosos sobornos.

La esencia de esta propaganda rezuma en los sueños criminales del anarquismo ontológico, el heraldo de nuestras obsesiones muestra los pendones forajidos de negro luminoso de los Asesinos… todos ellos pretendientes al trono de un Egipto Imaginario, un continuum oculto de espacio/luz consumido por libertades aún no imaginadas.

Pirotecnia

INVENTADA POR LOS CHINOS pero nunca desarrollada para la guerra -un ejemplo cabal de Terrorismo Poético- un arma utilizada para disparar el choque estético que no para matar -los Chinos detestaban la guerra y solían hacer luto cuando los ejércitos se levantaban- pólvora sólo útil para espantar maléficos demonios, para deleitar a los niños, para llenar el aire con una atrevida bruma de olor a riesgo.

Bombas Relámpago clase C de Kwantung, cohetes de botella, mariposas, M-80s, girasoles, “un Bosque en Primavera”; temporada de revolución; enciende el cigarro en la mecha silbante de una bomba negra de Haymarket; imagina el aire lleno de hidras y súcubos, de espíritus opresivos, de fantasmas policía. Convoca a unos cuantos niños con brasas encendidas o fósforos de cocina -apóstoles chamanes de complots de pólvora veraniega- rompe la noche espesa con estrellas de pinchos y estrellas infladas, con arsénico y antimonio, sodio y calomel, un bombardeo de magnesio y estridente clorato de potasa.

Fulminante (hollín y salitre) esquirlas y metralla; asalta tu banco local o tu fea iglesia con velas romanas y cohetes oro púrpura, in promptu y anónimo (quizás abriendo fuego desde la trasera de una camioneta..)

Construye unas lanzaderas con armazón de celosía e instálalas en la azotea del edificio de seguros o la escuela; una serpiente kundalini o un dragón de Caos verde bario enroscado contra un fondo amarillo sodio oxalato -No Pasarán[16]- o monstruos copulantes disparando descargas de leche-fuego contra el hogar de los viejos Catequistas.

Esculturas de nubes, esculturas de humo y banderas = Arte del Aire. Piezas de tierra. Fuentes = Arte del Agua. Y fuegos artificiales. No actúes con becas del ministerio ni permisos de la policía para un público amante de la cultura. Evanescentes bombas incendiarias mentales, terroríficos mandalas inflamando la presuntuosa noche suburbana, inverosímiles cabezas de trueno verde plaga emocional reventadas con rayos vajra de azul orgona de feux d’artifice láser.

Cometas que explotan con el olor del haschisch y el carbón radiactivo; fuegos de San Antón y fuegos fatuos embrujando los parques públicos; falsos fuegos de San Telmo danzando sobre la arquitectura de la burguesía; mascletás sacudiendo los cimientos del Parlamento, elementales salamandra atacan a reformistas morales bien conocidos.

Laca centelleante, azúcar de leche, estroncio, brea, agua de goma, chispas de fuego chino -por un momento el aire está afilado de ozono- nube opalada de humo pungente dragón fénix a la deriva. Por un instante el Imperio cae, sus príncipes y gobernadores huyen a su lodo estigio, los penachos de azufre de los duendes lanzallamas les queman el culo escocido mientras se baten en retirada. El Asesino-niño, psique de fuego, reina por una breve noche de sirio-caliente.

Mitos de Caos

Caos nunca visto (po-te-kitea)
Desposeído, Sedentario
Caos de empedernida oscuridad
Intocado e intocable
–Canto maorí

Caos se encarama en una montaña del cielo: un inmenso pájaro como una bolsa amarilla o una bola de fuego roja, con seis pies y cuatro alas; no tiene cara pero baila y canta.

O Caos es un perro negro de largas greñas, ciego y sordo, al que le faltan las cinco vísceras.

Caos el Abismo viene el primero, luego vienen Tierra/Gaia, luego Deseo/Eros. De estos tres descienden dos pares; Erebus y la vieja Noche, Eter y la Luz del día. Ni Ser ni No Ser

ni aire ni tierra ni espacio:

¿qué es lo que estaba encerrado? ¿dónde? ¿bajo la protección de quién?
¿qué era agua, profundo, insondable?
Ni muerte ni inmortalidad ni día ni noche;
sino UNO respirado por sí mismo sin viento.
Nada más. Oscuridad envuelta en oscuridad,
agua inmanifiesta.
UNO, escondido en el vacío,
sintió la generación del calor, sobrevino
como Deseo, primera semilla de la Mente…
¿Es que había arriba o abajo?
Había jarras de semillas, había poderes:
energía por debajo, impulso por arriba.
¿Pero quién lo sabe de seguro?
–Rg Veda

Tiamat el Océano-Caos derrama premiosa Fango y Limo de su vientre, los Horizontes, el Cielo y la Sabiduría acuática. Estos retoños crecen díscolos y presuntuosos; ella considera su destrucción.

Pero Marduk el dios guerrero Babilónico se levanta en rebelión contra el Viejo Hag y sus monstruos-Caos, tótems ctónicos[17]; Gusano, Ogro Femenino, Gran León, Perro Loco, Hombre Escorpión, Tormenta Aullante –dragones portando su gloria como dioses– y la propia Tiamat una gran serpiente de mar.

Marduk la acusa de provocar la rebelión de hijos contra padres; ella ama a Bruma y a Nube, principios del desorden. Marduk será el primero en gobernar, en inventar el gobierno. En la batalla asesina a Tiamat y desde su cuerpo organiza el universo material. Inaugura el Imperio Babilónico; después, con las entrañas sangrantes del hijo incestuoso de Tiamat en la picota crea la raza humana para servir por siempre a la comodidad de los dioses; y a sus altos sacerdotes y a sus reyes coronados.

El padre Zeus y los habitantes del Olimpo libran guerra contra la Madre Gaia y los Titanes, esos partisanos de Caos, contra las viejas formas de la caza y la recolección, de la errancia sin rumbo, de la androginia y la libertad de las bestias.

Amón Ra (Ser) se sienta solo en el Océano Caos primordial de NUN creando a todos los demás dioses al correrse; pero Caos también se manifiesta como el dragón Apofis al que Ra debe destruir (junto a su estado de gloria, su sombra y su magia) con objeto de que el Faraón pueda reinar en paz; una victoria recreada diariamente en los ritos de los templos imperiales para confundir a los enemigos del Estado, del Orden cósmico.

Caos es Hun Tun, Emperador del Centro. Un día el Mar del Sur, el Emperador Shu, y el Mar del Norte, el Emperador Hu (shu hu = relámpago) pagaron visita a Hun Tun, que siempre los agasajaba. Deseando devolver sus atenciones dijeron, “todos los seres tienen siete orificios para ver, oír, comer, cagar, etc; ¡pero el pobre viejo Hun Tun no tiene ninguno! ¡Abrámosle unos cuantos!” Y así lo hicieron –un orificio por día– hasta que el séptimo día, Caos murió.

Pero… Caos es también un enorme huevo de pollo. Dentro de él P’an Ku nace y crece durante 18,000 años; por fin el huevo se abre, se divide en cielo y tierra, yang y yin. Ahora P’an Ku crece hasta convertirse en una columna que sostiene el universo; o bien se convierte en el universo mismo (respiración –> viento, ojos –> sol y luna, sangre y humores –> ríos y mares, pelo y pestañas –> estrellas y planetas, esperma –> perlas, médula –> jade, sus pulgas –> los seres humanos, etc.)

O bien se convierte en el Emperador Amarillo hombre/monstruo. O bien se convierte en Lao Tse, profeta del Tao. De hecho, el pobre viejo Hun Tun es el Tao mismo.

“La música de la naturaleza no tiene existencia fuera de las cosas. Las diversas aberturas, caños, flautas, todos los seres vivos juntos conforman la naturaleza. El “Yo” no puede producir cosas y las cosas no pueden producir el “Yo”, que es autoexistente. Las cosas son lo que son espontáneamente, y no a causa de otras. Todo es natural sin saber por qué es así. Las 10,000 cosas tienen 10,000 estados diferentes, todas se hallan en movimiento como si hubiera un Señor Verdadero para moverlas; pero si buscamos pruebas de este Señor no encontraremos ninguna”. (Kuo Hsiang)

Cada conciencia realizada es un “emperador” cuya sola forma de gobierno es no hacer nada que perturbe la espontaneidad de la naturaleza, del Tao. El “sabio” no es Caos mismo, sino más bien un hijo fiel de Caos; una de las pulgas de P’an Ku, un trozo de carne del hijo monstruoso de Tiamat. “Cielo y Tierra” dice Chuang Tzu[18], “nacieron al mismo tiempo que yo, y las 10,000 cosas son una conmigo”.

El Anarquismo Ontológico tiende a disentir sólo con el absoluto quietismo Taoísta. En nuestro mundo Caos ha sido derrocado por dioses más jóvenes, moralistas, falócratas, sacerdotes-banqueros, señores a propósito para sus siervos. Si la rebelión se muestra como un imposible entonces quizá pueda al menos promoverse una forma clandestina de jihad espiritual. Déjala que siga las enseñas de guerra del negro dragón anarquista, Tiamat, Hun Tun.

Caos nunca murió.

Pornografía

EN PERSIA VI que la poesía está hecha para incorporarse a la música y para entonarse o cantarse; por una sola razón: porque funciona.

Una combinación propicia de imagen y melodía sumerge a la audiencia en un hal (algo entre un estado de ánimo estético/emotivo y un trance de hiperconsciencia), arrebatos de llanto, posesiones de baile; una respuesta física mensurable al arte. Para nosotros el eslabón entre la poesía y el cuerpo se perdió con la era bárdica; leemos bajo la influencia de un anestésico gas cartesiano.

En el norte de la India hasta la recitación no musical provoca ruido y movimiento, cada buen pareado se aplaude, “¡Wa! ¡Wa!” con gesticulación elegante, arrojando rupias; mientras nosotros escuchamos poesía como si fuéramos una especie de cerebro de ciencia ficción en un bote; todo lo más una risita forzada o una mueca, vestigio de un rictus simiesco; el resto del cuerpo en algún otro planeta.

En el Este los poetas son a veces encarcelados –una especie de cumplido, ya que sugiere que el autor ha hecho algo al menos tan real como el robo o la violación o la revolución. Aquí a los poetas se les permite publicar absolutamente cualquier cosa –una especie de castigo en efecto, prisión sin paredes, sin ecos, sin existencia palpable; reino de las sombras de la publicación, o del pensamiento abstracto; un mundo sin riesgo ni eros.

Así es que la poesía está muerta una vez más; e incluso si la momia de su cadáver retiene alguna de sus propiedades curativas, la autoresurrección no es una de ellas.

Si los legisladores rehusan considerar los poemas como crímenes, entonces alguien tendrá que cometer crímenes que sirvan la función de la poesía, o textos que posean la resonancia del terrorismo. Reconectar a cualquier precio la poesía al cuerpo. No crímenes contra los cuerpos, sino contra las Ideas (y contra las Ideas en las cosas) que son mortales y sofocantes. No estúpido libertinaje sino crímenes ejemplares, crímenes estéticos, crímenes pasionales. En Inglaterra ciertos libros pornográficos están todavía prohibidos. La pornografía tiene un efecto físico mensurable sobre sus lectores. Al igual que la propaganda es capaz de cambiar vidas al descubrir verdaderos deseos.

Nuestra cultura saca la mayor parte de su porno del odio al cuerpo; pero el arte erótico constituye en sí mismo un extraordinario vehículo para el estímulo del ser/la conciencia/la felicidad –como ocurre con ciertas obras orientales. Una especie de porno tántrico occidental puede ayudar a galvanizar el cadáver, a hacerlo brillar con algo del atractivo del crimen.

Norte América tiene libertad de expresión dado que todas las palabras son consideradas igualmente triviales. Sólo las imágenes cuentan; a los censores les fascinan los retazos de muerte y mutilación pero retroceden horrorizados a la vista de un niño masturbándose; aparentemente experimentan esto como una invasión de su validez existencial, de su identificación con el Imperio y los más sutiles de sus gestos.

No hay duda que ni el porno más poético haría jamás revivir el cuerpo sin rostro para que cantara y bailara (como el pájaro-Caos chino) pero imagínate un guión para una película de tres minutos que transcurre en una mítica isla de niños fugitivos que habitan las ruinas de viejos castillos o construyen cabañas tótem y nidos ensamblados con chatarra; una mezcla de animación, efectos especiales, infografía y vídeo en color; editado con el dinamismo de un anuncio de comida rápida…

…pero misteriosos y desnudos, plumas y huesos, tiendas cosidas con cristal, perros negros, sangre de paloma; flashes de miembros ámbar enredados en las sábanas; caras enmascaradas de estrellas besando suaves pliegues de piel; piratas andróginos, rostros náufragos de colombinas durmiendo sobre flores de muslo blanco; graciosos chistes guarros de meado, lagartos amaestrados bebiendo a lengüetadas leche derramada; break dancing en cueros; bañera victoriana con patos de goma y meteduras de pata rosa; Alicia en ganja…

…punk reggae atonal adaptado a gamelán[19], sintetizador, saxofón y percusión; letras de boogie eléctrico cantadas por un etéreo coro de niños; letras ontológico anarquistas, un cruce entre Hafez y Pancho Villa, Li Po y Bakunin, Kabir y Tzara; llámalo “¡CAOS, el video musical!”

No… seguramente tan sólo es un sueño. Demasiado caro de producir, y además ¿quién lo vería? Desde luego no los niños a los que pretendía seducir. La TV pirata es una futil fantasía, el rock sólo es otra mercancía; olvida pues la elegante gesamtkunstwerk[20]. Siembra un parque de recreo con obscenos folletines incendiarios; pornopropaganda, un chiflado samizdat[21] para liberar el deseo de su yugo.

Crimen

LA JUSTICA NO PUEDE OBTENERSE bajo ninguna Ley; la acción de acuerdo a la naturaleza espontánea, la acción que es justa, no puede ser definida por el dogma. Los crímenes por los que se aboga en estos pasquines no pueden ser cometidos contra uno mismo o contra otros sino sólo contra la mordaz cristalización de las ideas en la estructura de venenosos Tronos y Dominaciones.

Es decir, no crímenes contra la naturaleza o la humanidad sino crímenes legalmente acreditados. Tarde o temprano el descubrimiento y la revelación del yo/naturaleza transforman a una persona en un malhechor –como salir a otro mundo y después volver a éste para descubrir que has sido declarado un traidor, un hereje, un proscrito. La Ley espera a que des un traspiés en algún modo del ser, que te conviertas en un alma diferente a la habitual carne muerta aprobada y sellada en púrpura por las autoridades sanitarias; y tan pronto como empiezas a actuar en armonía con la naturaleza la Ley te da el garrote y estrangula; así que no jueges al bendito mártir liberal de clase media; acepta el hecho de que eres un criminal y prepárate para actuar como tal.

Paradoja: abrazar a Caos no significa deslizarse hacia la entropía sino emerger hacia una energía como estrellas, hacia un patrón de gracia instantánea; hacia un orden orgánico espontáneo completamente diferente a las pirámides de carroña de sultanes, muftíes, cadíes y verdugos sonrientes.

Después de Caos viene Eros –el principio de orden implícito en la nada del Uno incualificado. El amor es estructura, sistema, es el único código no narcotizado ni manchado por la esclavitud. Hemos de convertirnos en ladrones y timadores para proteger su belleza espiritual en una faceta de clandestinidad, en un jardín oculto de espionaje.

No sobrevivas meramente a la espera de que la revolución de otros te decida a tomar partido, no te alistes a los ejércitos de la anorexia o la bulimia; actúa como si ya fueras libre, calcula los riesgos, sal fuera, recuerda la Ley de Duelo –Fuma Grifa/Come Pollo/Bebe Té. Cada hombre su propia viña e higuera (Circle Seven Koran, Noble Drew Alí[22]); lleva tu pasaporte moro con orgullo, guarda tus espaldas, que no te cojan en el fuego cruzado; pero asume el riesgo, baila antes de calcificarte.

El modelo social natural del anarquismo ontológico es la pandilla de niños o la banda de atracadores. El dinero es un camelo -esta aventura ha de ser posible sin él- el botín y el pillaje habría que gastarlos antes de que vuelvan al polvo. Hoy es el Día de la Resurrección –el dinero empleado en belleza será transmutado alquímicamente en elixir. Como mi tío Melvin solía decir, el melón robado sabe más dulce. El mundo ya ha sido rehecho de acuerdo a los deseos del corazón; pero la civilización es la dueña de todos los contratos y de la mayoría de las pistolas. Nuestros ángeles feraces exigen la trasgresión, porque sólo se manifiestan en suelo prohibido. Bandolero. El yoga del sigilo, el golpe relámpago, el disfrute del tesoro.

Brujería

EL UNIVERSO QUIERE JUGAR. Aquellos que por reseca avaricia espiritual lo rehusan y eligen la pura contemplación desperdician su humanidad; aquellos que por tonta angustia lo rehusan, aquellos que dudan, pierden su oportunidad y su divinidad; aquellos que se moldean ciegas máscaras de Ideas y siembran cizaña buscando alguna prueba de su propia solidez acaban viendo a través de los ojos de un muerto.

Brujería: el cultivo sistemático de la conciencia dilatada o de la percepción no ordinaria y su despliegue en el mundo de los hechos y los objetos para convocar los resultados deseados.

El ensanchamiento de aperturas en la percepción destierra gradualmente los falsos yos, nuestros cacofónicos fantasmas; la “magia negra” de la envidia y la venganza se dispara por la culata porque el deseo no sabe ser forzado. Allí donde nuestro conocimiento de la belleza armoniza con el ludus naturae, empieza la magia.

No, ni doblar cucharas, ni horoscopia, ni Amanecer Dorado[23], ni chamanismo de pega, ni proyección astral, ni Misa Satánica; si se trata de chismografía hay que ir al meollo, a la banca, a la política, a las ciencias sociales; y no a esa enclenque basura blavatskiana[24].

La brujería funciona creando a su alrededor espacios físico/psíquicos o aperturas a un espacio de expresión sin límites –la metaformosis del lugar cotidiano hacia una esfera angélica. Esto implica la manipulación de los símbolos (que también son cosas) y de la gente (que también es simbólica); los arquetipos facilitan un vocabulario en este proceso y por tanto se tratan como si fueran a un tiempo reales e irreales, como palabras. Yoga imaginario.

El brujo es un Simple Realista: el mundo es real –así la conciencia tiene que ser pues real dados sus tan tangibles efectos. Para el zoquete hasta el vino resulta insípido pero el mago puede intoxicarse con sólo mirar el agua. La calidad de la percepción define el mundo de la intoxicación; pero sostenerla y expandirla para incluir a otros exige una actividad de un cierto tipo -brujería-. La brujería no rompe ley de la naturaleza alguna porque no hay tal Ley Natural, sólo la espontaneidad de la natura naturans, el tao. La brujería viola leyes que buscan encadenar este flujo; sacerdotes, reyes, jerofantes, místicos, científicos y tenderos todos califican al brujo de enemigo por amenazar el poder de su charada, la fuerza tensora de su trama ilusoria.

Un poema puede actuar como un conjuro y viceversa; pero la brujería rehusa ser metáfora de la mera literatura; insiste en que los símbolos deben provocar tanto sucesos como epifanías privadas. No es una crítica sino una reconstrucción. Rechaza toda escatología y toda metafísica de la mudanza, toda nebulosa nostalgia y todo futurismo estridente, en favor de un paroxismo o posesión de la presencia.

Incienso y cristal, daga y espada, varita, túnica, ron, habanos, velas, hierbas como sueños secos -el muchacho virgen contemplando la vasija de tinta- vino y ganja, carne, yantras y pases– rituales de placer, el jardín de houris y sakis– el brujo trepa por estas serpientes y escaleras a un momento que está enteramente saturado de su propio color, donde las montañas son montañas y los árboles son árboles, donde el cuerpo se convierte todo en tiempo, el amado todo en espacio.

Las tácticas del anarquismo ontológico están enrraizadas en este arte secreto; los objetivos del anarquismo ontológico aparecen en su floración. Caos conjura a sus enemigos y recompensa a sus devotos… este extraño panfleto amarilleante, este seudónimo polvoriento lo revela todo… escribe pidiendo un microsegundo de eternidad.

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LO QUE ESTO TE CUENTA no es prosa. Puedes clavarlo en el tablón pero sigue aún vivo y coleando. No pretende seducirte a menos que seas extremadamente joven y guapo (incluye foto reciente).

Hakim Bey vive en un destartalado hotel chino donde el propietario saluda con la cabeza sobre el periódico y las cascadas retransmisiones de la ópera de Pekín. El ventilador gira en el techo como un derviche perezoso -el sudor cae en la página- el caftán del poeta está mohoso, sus óvalos reparten ceniza por la alfombra; sus monólogos parecen deslavazados y ligeramente siniestros; Más allá de las ventanas cerradas el barrio funde a palmeras, al ingenuo mar azul, a la filosofía del tropicalismo.

A lo largo de cierta autopista al este de Baltimore pasas un trailer aerodinámico con un gran rótulo en el porche SE LEE EL ORÁCULO y la imagen de una tosca mano negra sobre fondo rojo. Dentro atisbas un despliegue de libros de sueños, libros de números, panfletos de vudú y santería, viejas revistas polvorientas de nudismo, una pila de Boy’s Life, tratados sobre gallos de pelea… y este libro, Caos. Como palabras proferidas en un sueño, portentosas, evanescentes, transformándose en perfumes, pájaros, colores, música olvidada.

Este libro se distancia de todo con una cierta impasibilidad de superficie, casi una cristalización. No mueve la cola ni gruñe sino que muerde y arremete contra los muebles. No tiene número de ISBN y no te quiere como discípulo pero puede que te rapte a los niños.

Este libro está nervioso como el café o la malaria -construye una red de cortes y guaridas entre sí mismo y sus lectores- pero es tan palmario y literal que prácticamente se codifica a sí mismo; se fuma a sí mismo al estupor.

Una máscara, una automitología, un mapa sin localizaciones -envarado como un mural egipcio alcanza sin embargo a acariciar la cara a alguien- y de repente se encuentra a sí mismo en la calle, en un cuerpo, encarnado en luz, caminando, despierto, casi satisfecho.

NYC, 1 de mayo-4 de julio, 1984

Notas:

1 En la antigua teoría química, el principio hipotético del fuego, del que todas las substancias inflamables estarían en parte compuestas.

2 Del sánscrito, “descenso”, aplicado a la encarnación terrestre de alguna deiad.

3 “Lo que el público busca fundamentalmente en el amor, el crimen, las drogas, la insurrección, la guerra, es el estado poético, un estado trascendente de vida. El Teatro de la Crueldad ha sido creado para devolver al teatro una concepción de la vida apasionada y convulsiva; y en ese sentido de violento rigor, de extrema condensación de los elementos escénicos, ha de entenderse la crueldad de ese teatro. Esa crueldad que será sanguinaria cuando convenga, pero no sistemáticamente, se confunde pues con una especie de severa pureza moral que no teme pagar la vida al precio que ella exige”. Segundo manifiesto del Teatro de la Crueldad, A.Artaud.

4 En el original CHANGE, CAMBIO como “transformación” y como “monedas sueltas”.

5 AF de la literatura árabe de la dinastía de los Ummayad. Qays perdió la cabeza por el amor de Layla y desde entonces fue conocido como Majnum (“el loco”). Su historia es cotada por poetas persas, turcos y urdu como símbolo de la rendición completa al poder del amor y apreciada tanto por místicos religiosos como por poetas seculares como por el AF.

6 En el original, groan ups, juego entre grown ups (mayores) y groan (lamentarse) ups.

7 Ceremonia situacionista tradicional de los nativos americanos, especialmente de las tribus de la costa noroeste, donde los jefes o aristócratas destruían o regalaban sus posesiones en demostración de poder, riqueza, publicidad, etc.

8 La pareja de cuervos de la película Dumbo de Disney.

9 El falo femenino de la Diosa.

10 Muzak es música funcional construida con fines de mercado, para el condicionamiento y control social. Es una aplicación de la psicología, la reflexología de la respuesta, etc. Se trata de la concepción del individuo como objeto de control, estudio y utilitarismo con fines de moldeación de las conductas.

11 Bey se refiere a la conocida “acción” de Abbie Hoffman y sus amigos en la Bolsa de Nueva york, donde sembraron el desorden dejando caer dinero desde lo alto.

12 Miembro de las bandas organizadas de obreros ingleses que se sublevaron para sabotear la maquinaria de la industria textil que los estaba desplazando. Los luditas operaban enmascarados por la noche. Su líder, real o imaginario, era Ned Ludd, también conocido como King Ludd.

13 Grupos e individuos se la secta Ismailita cuya tarea era la devastación del Islam Sunni. El instigador de la tesis fue Hasan-i Sabbah de Qumm. Su política era fomentar la oposición a la supuesta política corrupta Islámica desde castillos y fortalezas situadas en lugares montañosos de difícil acceso donde se preservaba la verdadera doctrina y de los que salían misioneros para luchar contra el Islam, y asesinos que mataban a los líderes Islámicos. Desde su centro en las montañas, Alamut, salían los asesinos, y los que eran matados en su misión engrosaban una lista de nombres honrosa que era recitada por los fieles Ismailitas.

14 El Imam Hassan i Sabbah nació el 520/1126 y murió el 561/1166. Lo de “el viejo de la montaña” es un calificativo engañoso, pues murió a los cuarenta y un años de edad. El 17 de Ramadán del año 559(el 8 de agosto de 1164), proclamó “la Gran Resurrección” (Qiyâmat al-Quiyâmât) en la montaña de Alamut. Esta proclamación ha sido interpretada como la liberación de toda interpretación literal del Corán y la exigencia a todos los musulmanes de que desarrollen una hermenéutica espiritual propia. “lo que implicaba era nada más ni nada menos que el advenimiento de un puro Islam espiritual, liberado de todo espíritu legalista, de toda servidumbre a la Ley: una vía personal hacia la Resurrección que es nacimiento espiritual, en la medida en que hace descubrir y vivir el sentido espiritual de las revelaciones proféticas” (Henry Corbin. Historia de la filosofía islámica, ed. Trotta, pág. 96).

15 instrumento matemático que se usaba para observar la altura, lugar y movimiento de los astros.

16 En el texto original “Don’t tread on me”(“no me pises”), lema que figuraba junto a una serpiente enroscada en la bandera revolucionaria en la Guerra de la Independencia Americana. Es la serpiente que puede verse en la portada del disco negro de Metallica.

17 Subterráneos.

18 Chuang Tzu (369-286 a.c.) filósofo y místico anarquista chino, profeta del sendero taoísta. Sus enseñanzas están recogidas en un libro de 33 capítulos que llava su nombre y la huella de su espíritu. Chuang Tzu enseñó que el tao es un principio original que todo lo abarca; todo cuanto hay en la naturaleza es el resultado de su actividad espontánea, y se halla en continuo flujo y transformación. El individuo debe buscar la serenidad y la actividad espontánea y natural, la prudencia para el gobierno de su espíritu y la magnanimidad para con sus semejantes, con lo que logrará vivir en un perfecto equilibrio. El bien y el mal se deben considerar conforme a la medida de cada uno y por tanto, son relativos.

19 Instrumento tradicional javanés; también un tipo de orquesta común en el sudeste asiático que usa instrumentos de arco, flautas y abundante percusión para crear ritmos altamente complejos.

20 “La obra de arte total”.

21 El termino con que son conocidas en Rusia las publicaciones clandestinas y la prensa underground que circula desafiando la censura oficial.

22 Profeta, sharif y masón, fundador del Templo de la Ciencia Morisca, la primera secta islámica negra de Norte América.

23 Secta esotérica inglesa de fin de siglo. Contaba entre sus filas con A. Crowley, Manchen, W.B. Yeats, etc.

24 Elena Petrowna Hann, más conocida como Madame Blavatsky, reintrodujo a finales del XIX la tradición misterioófica en Europa a través de la Sociedad Teosófica.

Inmediatismo: Radio Sermonettes. (Hakim Bey)

PRÓLOGO — Anarquía ontológica en pocas palabras

Puesto que absolutamente nada puede ser predicado con alguna certidumbre real acerca de la “verdadera naturaleza de las cosas”, todos los proyectos (como dice Nietzsche) sólo pueden estar “basados en nada”. Y aun así debe haber un proyecto –aunque sea sólo porque nos resistimos a ser categorizados como “nada”. A partir de la nada haremos algo: el Levantamiento, la revuelta contra todo lo que proclama: “La Naturaleza de las Cosas es tal-y-tal”. Estamos en desacuerdo, somos antinaturales, somos menos que nada ante los ojos de la Ley: Ley Divina, Ley Natural o Ley Social, escoge la que quieras. A partir de la nada imaginaremos nuestros valores, y por este acto de invención viviremos.

Mientras meditamos sobre la nada nos damos cuenta de que aunque no puede ser definida, a pesar de todo paradójicamente podemos decir algo sobre ella (incluso aunque sólo sea metafóricamente): –parece ser un “caos”. Como mito antiguo y como “nueva ciencia” por igual, el caos está en el corazón de nuestro proyecto. La gran serpiente (Tiamat, Pitón, Leviatán), el Caos original de Hesiodo, preside el vasto y largo sueño del Paleolítico –antes de todos los reyes, sacerdotes, agentes del Orden, la Historia, la Jerarquía, la Ley. “Nada” empieza a tomar una cara –el suave, sin rasgos, rostro-de-huevo o calabaza del Sr. Hun-Tun, el caos-como-convertirse, el caos-como-exceso, la generosa efusión de la nada dentro de algo.

En efecto, el caos es vida. Toda confusión, toda revuelta de color, toda urgencia protoplásmica, todo movimiento–es caos. Desde este punto de vista, el Orden aparece como muerte, cesación, cristalización, ciencia ajena.

Los anarquistas han estado proclamando durante años que “la anarquía no es el caos”. Incluso el anarquismo parece querer una ley natural, una moralidad interior e innata en la materia, una entelequia o propósito-de-ser. (No mejores que los Cristianos en este aspecto, o eso creía Nietzsche –radicales sólo en lo profundo de su resentimiento. El anarquismo dice que “el Estado debería ser abolido” sólo para instituir una nueva forma de orden más radical en su lugar. La Anarquía Ontológica replica en cambio que ningún “estado” puede “existir” en el caos, que todas las afirmaciones ontológicas son espurias excepto la afirmación del caos (que sin embargo es indeterminado), y por tanto que la gobernación de cualquier tipo es imposible. “El caos nunca murió.” Cualquier forma de “orden” que no hayamos imaginado y producido directa y espontáneamente en pura “libertad existencial” para nuestros propios propósitos celebratorios es una ilusión.
Desde luego, las ilusiones pueden matar. Imágenes de castigo rondan el sueño del Orden. La Anarquía Ontológica propone que despertemos y creemos nuestro propio día -incluso en la sombra del Estado, ese gigante pustulado que duerme, y cuyos sueños de Orden metastatizan como espasmos de violencia espectacular.

La única fuerza lo bastante significativa para facilitar nuestro acto de creación parece ser el deseo, o como Charles Fourier lo llamó, la “Pasión”. Igual que Caos y Eros (junto con la Tierra y la Vieja Noche) son las primeras deidades de Hesíodo, así también ninguna empresa humana ocurre fuera de su cosmogénico círculo de atracción.

La lógica de la Pasión lleva a la conclusión de que todos los “estados” son imposibles, todos los “órdenes” ilusorios, excepto los del deseo. No hay ser, sólo convertirse -de ahí que el único gobierno viable sea el del amor, o la “atracción”. La Civilización meramente se oculta a sí misma –detrás de una delgada cobertura estática de racionalidad– la verdad de que sólo el deseo crea valores. Y así los valores de la Civilización están basados en la negación del deseo.

El capitalismo, que afirma producir el Orden mediante la reproducción del deseo, de hecho se origina en la producción de la escasez, y sólo puede reproducirse en la insatisfacción, la negación y la alienación. Mientras el Espectáculo se desintegra (como un programa de Realidad Virtual que funcione mal) revela los huesos descarnados de la Mercancía. Como esos viajeros en trance de los cuentos de hadas Irlandeses que visitan el Otro Mundo y parecen comer delicias sobrenaturales, nos despertamos en un legañoso amanecer con cenizas en nuestras bocas.

El Individuo vs. el Grupo –el Yo vs. el Otro– Una dicotomía falsa propagada a través de los Medios de Control, y por encima de todo mediante el lenguaje. Hermes –el Ángel– el medio es el Mensajero. Todas las formas de comunicatividad deberían ser angélicas –el propio lenguaje debería ser angélico– una especie de caos divino. En cambio está infectado con un virus autoreplicante, un cristal infinito de separación, la gramática que nos impide matar a Nadiepapá de una vez por todas.

El Yo y el Otro se complementan y completan mutuamente. No hay Categoría Absoluta, ni Ego, ni Sociedad –sino sólo una trama caóticamente compleja de relación– y el “Atractor Extraño”, la propia atracción, que evoca resonancias y modelos en el flujo del convertirse.

De esta turbulencia surgen valores, valores que están basados en la abundancia en vez de en la escasez, en el regalo más que en la mercancía, y en la mejora sinergética y mutua mejora del individuo y el grupo; –valores que en todos los aspectos son los opuestos de la moralidad y la ética de la Civilización, porque tienen que ver con la vida en vez de la muerte.

“La Libertad es una habilidad psicokinética”-no un nombre abstracto. Un proceso, no un “estado” –un movimiento, no una forma de gobernación. La Tierra de los Muertos conoce ese Orden perfecto ante el que lo orgánico y lo animado retroceden horrorizados –lo que explica porqué la Civilización del Resbalarse esta más que medio enamorada de la muerte cómoda. De Babilonia y Egipto al Siglo XX, la arquitectura del Poder nunca ha podido ser realmente distinguida de los túmulos de las necrópolis.

El Nomadismo y el Levantamiento, nos proporcionan posibles modelos para una “vida cotidiana” de Anarquía Ontológica. Las perfecciones cristalinas de la Civilización y la Revolución dejan de interesarnos cuando hemos experimentado ambas como forma de Guerra, variaciones sobre ese viejo y canado Timo Babilónico, el mito de la Escasez. Como el beduino escogemos una arquitectura de pieles –y una tierra llena de lugares de desaparición. Como la Comuna, escogemos un espacio liquido de celebración y riesgo en lugar del yermo helado del Prisma (o Prisión) del Trabajo, la economía del Tiempo Perdido, el rictus de nostalgia por un futuro sintético.

Una poética utópica nos ayuda a conocer nuestros deseos. El espejo de la Utopía nos proporciona una especie de teoría critica que ninguna mera política práctica ni filosofía sistemática pueden esperar desarrollar. Pero no tenemos tiempo para una teoría que meramente se limita a la contemplación de la utopía como “lugar sin-lugar” mientras lamenta la “imposibilidad del deseo”. La penetración de la vida cotidiana por lo maravilloso –la creación de “situaciones”– pertenece al “principio material corporal”, y a la imaginación, y al tejido viviente del presente.

El individuo que percibe esta inmediatez puede ampliar el círculo del placer hasta cierto punto simplemente despertándose de la hipnosis de los “Espectros” (como Stirner llamaba a todas las abstracciones); y más aún puede ser logrado por el “crimen”; y más todavía por el duplicamiento del Yo en la sexualidad. De la “Unión de Egoístas” de Stirner pasamos al círculo de “Espíritus Libres” de Nietzsche, y de ahí a las “Series Pasionales” de Fourier, duplicándonos y reduplicándonos incluso mientras el Otro se multiplica en el eros del grupo.
La actividad de un grupo así llegará a reemplazar al Arte como nosotros, pobres cabrones posmodernos, lo conocemos. La creatividad gratuita, o el “juego”, y el intercambio de regalos, causarán la extinción del Arte como la reproducción de mercancías. La “epistemología dadá” borrará toda separación fundiéndolas, y dará a luz de nuevo a un paleolitismo psíquico en el que la vida y la belleza no puedan ya ser distinguidas. El arte en este sentido siempre ha sido camuflado y reprimido a lo largo de toda la Alta Historia, pero nunca se ha desvanecido enteramente de nuestras vidas. Un ejemplo favorito: el encuentro para hacer colchas , un diseñar espontáneo llevado a cabo por un colectivo creativo no jerárquico para producir un objeto único, útil y bello, típicamente como regalo para alguien conectado con el círculo.

La tarea de la organización inmediatista puede ser resumida como el ensanchamiento de este círculo. Cuanto mayor sea la porción de mi vida que pueda ser arrancada del ciclo Trabaja/Consume/Muere, y (de)vuelta a la economía del “encuentro”, mayores serán mis oportunidades de placer. Uno corre cierto riesgo al frustrar así las vampíricas energías de las instituciones. Pero el propio riesgo forma parte de la experiencia directa del placer, un hecho conocido en todos los momentos insurreccionales –todos los momentos de despertar– de intensos disfrutes arriesgados: el aspecto festivo del Levantamiento, la naturaleza insurreccional del Festival.

Pero entre el solitario despertar del individuo, y la anamnesis sinérgica de la colectividad insurreccional, se extiende todo un espectro de formas sociales con algún potencial para nuestro “proyecto”. Algunas no duran más que un encuentro casual entre dos espíritus afines que pueden engrandecerse mutuamente por su breve y misterioso encuentro; otros son como festividades; aún otros como utopías piratas. Ninguno parece durar mucho tiempo –¿pero y qué? Las religiones y los Estados se jactan de su permanencia –que, como sabemos, es sólo una chorrada…; lo que significan es muerte.

No necesitamos instituciones “Revolucionarias”. “Después de la Revolución” aún continuaríamos derivando, evadiéndonos de la instantánea esclerosis de una política de la venganza, y en cambio buscaríamos lo excesivo, lo extraño –que para nosotros se ha convertido en la única norma posible. Si ahora nos sumamos o apoyamos a ciertos movimientos “revolucionarios”, seriamos ciertamente los primeros en “traicionarlos” si “llegasen al poder”. El poder, después de todo, es para nosotros –no para algún jodido partido de vanguardia.

En La Zona Temporalmente Autónoma había una discusión de “la voluntad de poder como desaparición”, enfatizando la naturaleza evasiva y la ambiguedad del momento de “libertad”. En la presente serie de textos (presentados originalmente como Radio Sermonettes –Sermoncillos Radiofónicos– en una emisora FM de Nueva York y publicados bajo ese titulo por los anarquistas del Libertarian Book Club) el foco se vuelve a la idea de una praxis de re-aparición y, por tanto, al problema de la organización. Un intento de una teoría de la estética del grupo –más que una sociología o política– ha sido expresado aquí como un juego para espíritus libres, más que como una plantilla para una institución. El grupo como medio, o como mecanismo de alienación, ha sido reemplazado aquí por el grupo Inmediatista, dedicado a la superación de la separación. Este libro podría ser calificado como un experimento-de-pensamiento sobre hermandad festiva –no tiene mayores ambiciones. Sobre todo, no pretende hacer saber “qué debe hacerse” –el engaño de los aspirantes a comisarios y gurús. No quiere discípulos –preferiría ser quemado: ¡inmolación, no emulación!. De hecho prácticamente no tiene interés en el “diálogo”, y preferiría atraer co-conspiradores más que lectores. Le encanta hablar, pero sólo porque hablar es una forma de celebración más que una forma de trabajo.
Y sólo la intoxicación está entre este libro y el silencio.

Hakim Bey
(Equinoccio de invierno de 1993)

Inmediatismo

i.
Toda experiencia es mediada -por los mecanismos de la percepción sensorial, la mentalización, el lenguaje, etc. –y, ciertamente, todo el arte consiste en una mediación adicional de la experiencia.

ii.
Sin embargo, la mediación tiene lugar por grados. Algunas experiencias (olfato, gusto, placer sexual) son menos mediadas que otras (leer un libro, mirar por un telescopio, escuchar un disco). Algunos medios, especialmente las artes “en vivo”, como la danza, el teatro, las actuaciones musicales o los recitales de poesía son menos mediados que otros tales como la TV, los CDs, la Realidad Virtual. Incluso entre los medios llamados habitualmente “medios” , algunos son más mediados que otros, según la intensidad de participación imaginativa que demanden. La prensa y la radio piden más a la imaginación, el cine menos, la TV menos aún, y la RV es la que menos requiere de todos hasta ahora.

iii.
Para el arte, la intervención del Capital señala un mayor grado de mediación. Decir que el arte está mercantilizado es decir que una mediación, o un estar-en-medio, ha ocurrido, y que esta interposición equivale a una ruptura, y que esa ruptura equivale a “alienación”. La música improvisada tocada en casa por unos amigos está menos “alienada” que la música tocada “en vivo” en el Met o que la música interpretada a través de medios (sea la PHS , MTV o un walkman). De hecho, se puede argumentar que la música distribuida gratis o a precio de coste en cassettes por correo está MENOS alienada que la música en directo tocada en algún inmenso espectáculo del tipo ” We Are The World” o en un club nocturno de Las Vegas, a pesar de que esta última es música en vivo interpretada para un público vivo (o al menos eso parece), mientras que la primera es música grabada consumida por oyentes distantes y aún anónimos.

iv.
La tendencia de la Alta Tecnología y la tendencia del Capitalismo Tardío impulsan ambas a las artes más y más hacia formas extremas de mediación. Ambas ensanchan el abismo entre la producción y el consumo del arte, con el correspondiente incremento de la “alienación”.

v.
Con la desaparición de una “corriente principal” y por tanto de una “vanguardia” en las artes, se ha observado que todas las experiencias artísticas más avanzadas e intensas se han vuelto casi instantáneamente recuperables por los medios, y así son convertidas en basura como todo el resto de la basura en el fantasmal mundo de las mercancías. La “basura”, en el sentido en que el término fue redefinido en, digamos, Baltimore en los años 70 , puede ser una buena diversión -como una mirada irónica sobre una especie de cultura popular inadvertida que rodea e impregna las regiones mas inconscientes de la sensibilidad “popular” –que a su vez es producida en parte por el Espectáculo. La “basura” fue en su momento un concepto fresco, con un potencial radical. Ahora, sin embargo, entre las ruinas del Postmodernismo, ha empezado por fin a apestar. La frivolidad irónica acaba por volverse repugnante. ¿Es posible ahora SER SERIO PERO NO SOBRIO? (Nota: La Nueva Sobriedad es desde luego simplemente la otra cara de la Nueva Frivolidad. El neo-puritanismo chic lleva la mancha de la Reacción, de la misma forma que la ironía filosófica y la desesperación postmodernas llevan a la Reacción. La Sociedad de la Purga es lo mismo que la Sociedad de la Comilona. Tras los “12 pasos” de la enrollada renuncia de los 90, todo lo que queda es el 130 escalón de la horca. La ironía puede haberse vuelto aburrida, pero la automutilación nunca fue nada más que un abismo. Abajo la frivolidad - Abajo la sobriedad.)
Todo lo delicado y bello, del Surrealismo al break-dance, acaba como pienso para los anuncios de Macmuerte; 15 minutos después toda la magia ha sido chupada, y el propio arte queda muerto como una langosta seca. Los genios de los medios, que no son otra cosa que postmodernos, han empezado incluso a alimentarse de la vitalidad de la «basura», como buitres regurgitando y reconsumiendo la misma carroña, en un éxtasis obsceno de autoreferencialidad. ¿Por dónde se va a la Salida?

vi.
El arte verdadero es un juego, y el juego es una de las experiencias más inmediatas. No se puede esperar de quienes han cultivado el placer del juego que lo abandonen simplemente para hacer una declaración política (como en una “Huelga del Arte” o “la supresión sin la realización” del arte, etc.) El arte continuará, de algún modo en el mismo sentido que continuarán el respirar, el comer o el follar.

vii.
Con todo, nos repele la extrema alienación de las artes, especialmente en “los medios”, en la edición comercial y las galerías, en la “industria” discográfica, etc. Y a veces incluso nos preocupamos sobre la extensión en que nuestra propia participación en artes tales como la escritura, la pintura o la música nos implican en una sucia abstracción, una separación de la experiencia inmediata. Perdemos la franqueza del juego (nuestro placer original al hacer arte en primer lugar); perdemos el olfato, el gusto, el tacto, el contacto de cuerpos en movimiento.

viii.
Ordenadores, vídeo, radio, imprentas, sintetizadores, máquinas de fax, grabadoras, fotocopiadoras -estas cosas son buenos juguetes, pero también terribles adicciones. Finalmente nos damos cuenta de que no podemos “tender la mano y tocar a alguien” que no está presente en carne y hueso. Estos medios pueden ser útiles para nuestro arte –pero no deben poseernos, ni interponerse, mediar o separarnos de nosotros mismos animales/animados. Queremos controlar nuestros medios, no ser Controlados por ellos. Y nos gustaría recordar cierta arte marcial psíquica que acentúa la comprensión de que el cuerpo en sí mismo es el menos mediado de todos los medios.

ix.
Por tanto, como artistas y “trabajadores culturales” que no tienen intención de abandonar la actividad en los medios que hemos elegido, con todo demandamos de nosotros mismos una extrema conciencia de la inmediatez así como la maestría en algún medio directo para llevar a cabo esta conciencia como juego, inmediatamente (en seguida) e inmediatamente (sin mediación).

x.
Dándonos plenamente cuenta de que cualquier “manifiesto” artístico escrito hoy sólo puede apestar a la misma ironía a la que busca oponerse, declaramos pese a todo sin vacilación (sin pensarlo demasiado) la fundación de un “movimiento”, el INMEDIATISMO. Nos sentimos libres para hacerlo porque nos proponemos practicar el Inmediatismo en secreto, para evitar cualquier contaminación de la mediación. Públicamente continuaremos nuestro trabajo en la edición, la radio, impresión, música, etc., pero privadamente crearemos algo más, algo para ser compartido libremente pero nunca consumido pasivamente, algo que pueda ser discutido abiertamente pero nunca entendido por los agentes de la alienación, algo sin potencial comercial pero valioso más allá del precio, algo oculto pero completamente trenzado en la tela de nuestras vidas cotidianas.

xi.
El Inmediatismo no es un movimiento en el sentido de un programa estético. Depende de la situación, no del estilo o el contenido, el mensaje o la Escuela. Puede tomar la forma de cualquier tipo de diversión creativa que puedan realizar dos o más personas, por y para si mismas, cara a cara y juntas. En este sentido es como un juego, y por tanto ciertas “reglas” pueden ser aplicables.

xii.
Todos los espectadores deben ser también intérpretes. Todos los gastos han de ser compartidos, y todos los productos que puedan resultar del juego han de ser también compartidos sólo por los participantes (que pueden guardarlos u ofrecerlos como regalos, pero no deberían venderlos). Los mejores juegos usarán pocas o ninguna forma obvia de mediación como la fotografía, grabaciones, impresión, etc., tendiendo más bien hacia técnicas inmediatas que impliquen presencia física, comunicación directa y los sentidos.

xiii.
Una matriz obvia para el Inmediatismo es la fiesta. Así, una buena comida podría ser un proyecto de arte inmediatista, especialmente si todos los presentes cocinaran además de comer. Los antiguos chinos y japoneses, en los días brumosos del otoño, celebraban fiestas de olores, donde cada invitado llevaba un incienso o un perfume caseros. En fiestas de versos encadenados un pareado fallido supondría el castigo de un vaso de vino. Encuentros para hacer colchas , tableaux vivants, cadáveres exquisitos, rituales de compañerismo como la “Orgía Museo” de Fourier (trajes eróticos, poses y parodias), música en vivo y baile –el pasado puede ser saqueado en busca de formas apropiadas, y la imaginación proporcionara más.

xiv.
La diferencia entre un encuentro para hacer colchas del siglo XIX, por ejemplo, y uno Inmediatista estaría en nuestra conciencia de la práctica del Inmediatismo como una respuesta a los pesares de la alienación y la “muerte del arte”.

xv.
El arte postal de los 70 y la escena de fanzines de los 80 fueron intentos de ir más allá de la mediación del arte-como-mercancía, y pueden ser considerados antecesores del Inmediatismo. Sin embargo, conservaron las estructuras mediadas de la comunicación postal y la xerografia, y por tanto no lograron superar el aislamiento de los participantes, que se mantenían bastante literalmente fuera de contacto. Queremos llevar los motivos y descubrimientos de estos movimientos anteriores a su conclusión lógica en un arte que destierre toda mediación y alienación, al menos hasta donde la condición humana lo permita.

xvi.
Además, el Inmediatismo no está condenado a la impotencia en el mundo simplemente porque evita la publicidad del mercado. El “Terrorismo Poético” y el “Sabotaje del Arte” son formas bastante lógicas de Inmediatismo.

xvii.
Finalmente, esperamos que la práctica del Inmediatismo liberará en nosotros vastos depósitos de poder olvidado, que no sólo transformarán nuestras vidas a través de la realización secreta del juego inmediado, sino que además ineludiblemente manarán y surgirán y permearán el otro arte que creamos, el arte más público y mediado.

Y esperamos que los dos estarán cada vez más cercanos, y quizás al final se conviertan en uno.


El Tong

Los mandarines obtenían su poder de la ley;
el pueblo, de las sociedades secretas. (Proverbio Chino)

El invierno pasado leí un libro sobre los Tongs Chinos (Primitive RevoIutionaries of China: A Study of Secret Societies in the Late Nineteenth Century , Fei-Ling Davis; Honolulú, 1971-77): –¡quizá el primero nunca escrito por alguien que no era un agente del Servicio Secreto británico!– (de hecho, ella era una socialista China que murió joven –éste fue su único libro) –y por primera vez me di cuenta de por qué me ha atraído siempre el Tong; no sólo por el romanticismo, la elegante decoración decadente chinesca, como así era, pero también por la forma, la estructura, la propia esencia de la cosa.
Algún tiempo después en una excelente entrevista con William Burroughs en la revista Homocore descubrí que él también había acabado fascinado con los Tongs y que sugería esta forma como un perfecto modo de organización para los maricas , particularmente en esta era presente de histeria y moralismo mierdosos. Estoy de acuerdo, y extendería la recomendación a todos los grupos marginales, especialmente aquellos cuyo disfrute implica ilegalismo (fumetas, heréticos del sexo, insurreccionalistas) o excentricidad extrema (nudistas, paganos, artistas de post-vanguardia, etc., etc.).

Un Tong puede quizás ser definido como una sociedad de beneficio mutuo para gente con un interés común que es ilegal o peligrosamente marginal –de ahí el necesario secreto. Muchos Tongs Chinos se movían alrededor del contrabando y la evasión de impuestos, o el autocontrol clandestino de ciertos oficios (en oposición al control del Estado), o finalidades políticas insurreccionales o religiosas (el derrocamiento de los Manchúes, por ejemplo –varios Tongs colaboraron con los anarquistas en la Revolución de 1911).
Una finalidad común de los Tongs era recoger e invertir las cuotas de pertenencia e iniciación en fondos de seguros para los indigentes, los parados, las viudas y huérfanos de los miembros fallecidos, gastos de funerales, etc. En una era como la nuestra en la que los pobres están atrapados entre el canceroso Escila de la industria aseguradora y el rápidamente desapareciente Caribdis de los servicios del bienestar y la salud pública, este fin de la Sociedad Secreta bien podría recuperar su atractivo. (Las logias masónicas estaban organizadas sobre esta base, igual que los primeros sindicatos ilegales y las “órdenes caballerescas” para trabajadores y artesanos.) Otro fin universal de estas sociedades era por supuesto la convivialidad , especialmente los banquetes pero incluso este pasatiempo aparentemente inocuo puede adquirir implicaciones insurreccionales. En las varias revoluciones francesas, por ejemplo, los clubes gastronómicos asumieron frecuentemente el papel de organizaciones radicales cuando todas las demás formas de reunión pública estaban prohibidas.
Recientemente hablé sobre los Tongs con “P.M.,” autor de bolo’bolo (Serie Agentes Extranjeros de Semiotext(e)). Yo argumentaba que las sociedades secretas son nuevamente una posibilidad para los grupos que buscan autonomía y realización individual. El no estaba de acuerdo, pero no (como yo esperaba) por las connotaciones “elitistas” del secretismo. El creía que tales formas organizativas funcionan mejor en grupos sólidamente ligados, con fuertes lazos económicos, étnico/regionales o religiosos –condiciones que no existen (o existen sólo embriónicamente) en la escena marginal de hoy. El proponía en cambio el establecimiento de centros de barrio multifuncionales, con los gastos compartidos por varios grupos de intereses específicos y empresas de pequeña escala (artesanos, cafés, espacios para actuaciones, etc.). Este tipo de grandes centros requeriría estatus oficial (reconocimiento por el Estado), pero obviamente se convertirían en focos para toda clase de actividades no oficiales –mercados negros, organización temporal para la “protesta” o la acción insurreccional, “ocio” incontrolado y convivialidad no monitorizada, etc.
En respuesta a la crítica de “P.M.” no he abandonado sino más bien modificado mi concepto de lo que podría ser un Tong moderno. La estructura intensamente jerárquica del tong tradicional obviamente no funcionaría, aunque algunas de las formas podrían ser mantenidas y usadas del mismo modo que los títulos y honores son usados en nuestras “religiones libres” (o religiones “raras”, religiones “de broma”, cultos anarco-neo-paganos, etc.). La organización no jerárquica nos atrae, pero también el ritual, el incienso, la placentera ampulosidad de las órdenes ocultas –podrías llamarlo “Estética del Tong”– así que ¿por qué no podríamos también tener nuestro pastel y comérnoslo? –(especialmente si es majoun Marroquí o baba au absinthe– ¡algo un poco prohibido!). Entre otras cosas, el Tong debería ser una obra de arte.

La estricta regla tradicional del secreto también necesita de modificación. Hoy día cualquier cosa que evite la idiota mirada de la publicidad es ya virtualmente secreta. La mayoría de la gente moderna parece incapaz de creer en la realidad de algo que nunca ven en televisión por tanto escapar de ser televisualizado es ser ya casi-invisible. Más aún, lo que es visto a través de la mediación de los medios se vuelve en cierto modo irreal, y pierde su poder (no voy a molestarme en defender esta tesis sino que simplemente referiré al lector a una línea de pensamiento que lleva de Nietzsche a Benjamín a Bataille a Barthes a Foucault a Baudrillard). Por contraste, quizá aquello que es no visto retiene su realidad, su enraizamiento en la vida cotidiana y por tanto en la posibilidad de lo maravilloso.

Así que el moderno Tong no puede ser elitista –pero no hay razón para que no sea selectivo. Muchas organizaciones no autoritarias se han fundado en el dudoso principio de la militancia abierta, lo que frecuentemente lleva a una preponderancia de gilipollas, patanes, aguafiestas, neuróticos quejumbrosos y agentes de policía. Si un Tong se organiza alrededor de un interés específico (especialmente un interés ilegal o arriesgado o marginal) ciertamente tiene el derecho de componerse de acuerdo con el principio del “grupo de afinidad”. Si el secreto significa (a) evitar la publicidad y (b) vetar a posibles miembros, la “sociedad secreta” apenas puede ser acusada de violar los principios anarquistas. De hecho, tales sociedades tienen una historia larga y honorable en el movimiento antiautoritario, desde el sueño de Proudhon de reanimar la Santa Vehm como una especie de “Justicia del Pueblo”, a los varios proyectos de Bakunin, a los “Errantes” de Durruti. No deberíamos permitir que los historiadores marxistas nos convenzan de que tales recursos son “primitivos” y han sido por tanto dejados atrás por la “Historia”. Que la “Historia” es un absoluto es como mínimo una premisa dudosa. No estamos interesados en un retorno a lo primitivo, sino en un retorno DE lo primitivo, puesto que lo primitivo es lo “reprimido”.

En los viejos días las sociedades secretas aparecían en tiempos y lugares prohibidos por el Estado, esto es, donde y cuando la gente es mantenida aislada por la ley. En nuestros tiempos la gente usualmente no es aislada por la ley sino por la mediación y la alienación (ver el capítulo 1, “Inmediatismo”). El secreto por tanto se vuelve una evitación de la mediación, mientras la convivialidad pasa de objetivo secundario a objetivo primario de la “sociedad secreta”. Simplemente encontrarse cara a cara es ya una acción contra la fuerzas que nos oprimen con el aislamiento, con la soledad, con el trance de los medios.

En una sociedad que impone una esquizoide separación entre Trabajo y Ocio, todos hemos experimentado la trivialización de nuestro “tiempo libre”, tiempo que no está organizado ni como trabajo ni como ocio. (”Vacación” significó una vez tiempo “vacío” ahora significa tiempo que es organizado y llenado por la industria del ocio.) La finalidad “secreta” de la convivialidad en la sociedad secreta se convierte entonces en la auto-estructuración y auto-valoración del tiempo libre. La mayoría de las fiestas están dedicadas sólo a la música alta y a demasiada priva, no porque las disfrutemos sino porque el Imperio del Trabajo nos ha imbuido del sentimiento de que el tiempo vacío es tiempo perdido. La idea de dedicar una fiesta a, digamos, hacer una colcha o cantar juntos madrigales, parece desesperadamente desfasada. Pero el Tong moderno encontrará a la vez necesario y disfrutable recuperar el tiempo libre del mundo de la mercancía y dedicarlo a la creación compartida, a jugar .

Conozco varias sociedades ya organizadas según estas líneas, pero ciertamente no voy a cargarme su secreto discutiéndolas en letra impresa. Hay alguna gente que no necesita quince segundos en el Telediario de la noche para dar validez a su existencia. Desde luego, la prensa y radio marginales (los únicos medios en que aparecerá este sermoncillo) son de todos modos prácticamente invisibles –ciertamente todavía bastante opacas a la mirada del Control. Con todo, he aquí el principio del asunto: los secretos deberían ser respetados. ¡No todo el mundo necesita saberlo todo! De lo que más carece –y más necesita el siglo XX– es de tacto. Deseamos reemplazar la epistemología democrática con “epistemología dadá” (Feyerabend). O estás en el bus o no estás en el bus.

Algunos llamarán a esto una actitud elitista, pero no lo es –al menos no en el sentido que C. Wright Mills da a la palabra: esto es, un pequeño grupo que ejercita poder sobre los no-miembros para su propio engrandecimiento. El Inmediatismo no tiene que ver con relaciones de poder; –no desea ser gobernado ni gobernar. El Tong contemporáneo, por tanto, no halla placer en la degeneración de las instituciones en conspiraciones. Quiere poder para sus propios objetivos de mutualidad. Es una asociación libre de individuos que se han elegido mutuamente como los sujetos de la generosidad del grupo, su “expresividad” (por usar un término sufí). Si esto resulta ser algún tipo de “elitismo”, entonces que así sea.
Si el Inmediatismo empieza con grupos de amigos intentando no sólo superar el alistamiento sino también mejorarse mutuamente sus vidas, pronto querrá tomar una forma mas compleja: núcleos de aliados mutuamente elegidos, trabajando (jugando) para ocupar más y más tiempo fuera de todo control y estructura mediada. Entonces querrá convertirse en una red horizontal de tales grupos autónomos; después, en una ‘’tendencia'’; luego, en un ‘’movimiento'’; y entonces, en una red cinética de “zonas temporalmente autónomas”. Finalmente se afanará para convertirse en el núcleo de la nueva sociedad, dándose a luz a si misma dentro de la corrompida cáscara de la antigua. Para todos estos propósitos la sociedad secreta promete proporcionar un útil marco de clandestinidad protectora –un manto de invisibilidad que tendrá que dejarse caer sólo en el caso de una confrontación final con la Babilonia de la Mediación…
¡Preparáos para las Guerras del Tong!

Inmediatismo vs Capitalismo

Muchos monstruos se interponen entre nosotros y la realización de los objetivos inmediatistas. Por ejemplo, nuestra propia arraigada alienación inconsciente podría demasiado fácilmente ser confundida con una virtud, especialmente al contrastarla con la papilla criptoautoritaria que pasa por “comunidad” o con las varias versiones ascendentes del “ocio”. ¿No es natural tomar el dandismo noir de avarientos ermitaños por alguna forma de Individualismo heroico, cuando el único contraste visible es el socialismo mercantil del Club Med o el masoquismo gemutlich de los Cultos de las Víctimas? Estar maldito y en el rollo naturalmente atrae más a las almas nobles que estar salvado y cómodo.

El Inmediatismo significa mejorar a los individuos proporcionando un molde de amistad, no minimilizarles sacrificando su “propiedad” al pensamiento grupal, la autoabnegación izquierdista o valores clónicos New Age. Lo que debe ser superado no es la individualidad per se, sino más bien la adicción a la amarga soledad que caracteriza la consciencia en el siglo XX (que por lo general no es mucho más que una repetición del XIX).
Mucho más peligroso que cualquier monstruo interior de (lo que podría llamarse) el “egoísmo negativo”, sin embargo, es el monstruo externo, muy real y totalmente objetivo del Capitalismo Demasiado Tardío. Los marxistas (R.I.P) tenían su propía versión de cómo funcionaba esto, pero aquí no estamos preocupados con análisis abstractos/dialécticos del valor del trabajo o la estructura de clases (a pesar de que éstos puedan aún requerir análisis, y aún más desde la “muerte” o “desaparición” del Comunismo). En cambio, nos gustaría señalar los peligros tácticos específicos que encara cualquier proyecto inmediatista.

1. El Capitalismo sólo apoya ciertos tipos de grupos, por ejemplo la familia nuclear o “la gente que conozco en mi trabajo”, porque estos grupos ya están autoalienados e integrados en la estructura Trabaja/Consume/Muere. Otros tipos de grupos podrán ser tolerados, pero carecerán de todo apoyo de la estructura social, y así se encontrarán encarando grotescos desafíos y dificultades que aparecerán bajo el disfraz de la “mala suerte”.
El obstáculo primero y de apariencia mas inocente a cualquier proyecto inmediatista será la “ocupación” , “necesidad de ganarse la vida” que encara cada uno de sus asociados. Sin embargo aquí no hay verdadera inocencia, sólo nuestra profunda ignorancia de las formas en que el Capitalismo está organizado para evitar toda convivialidad genuina.

Tan pronto como un grupo de amigos haya empezado a visualizar objetivos inmediatos alcanzables sólo a través de la solidaridad y la cooperación, entonces a uno de ellos le ofrecerán repentinamente un “buen” trabajo en Cincinnati o enseñar inglés en Taiwán -o si no tendrá que volver a California para cuidar de un progenitor moribundo o si no perderán el “buen” trabajo que tenían y se verán reducidos a un estado de desdicha que imposibilita que disfruten del proyecto u objetivos del grupo (esto es, estarán “deprimidos”). Al nivel más aparentemente mundano, el grupo no podrá acordar un día de la semana para reunirse porque todo el mundo está “ocupado”. Pero esto no es mundano. Es pura maldad cósmica. Echamos espumarajos de indignación por la “opresión” y las “leyes injustas” cuando de hecho estas abstracciones tienen escaso impacto en nuestra vida diaria; mientras que lo que realmente nos hace desgraciados pasa inadvertido, relegado a la “ocupación” o la “distracción”, o incluso a la propia naturaleza de la realidad (”¡Bueno, no puedo vivir sin un trabajo!”).
Sí, quizás sea cierto que no podemos “vivir” sin un trabajo aunque espero que seamos - bastante adultos para conocer la diferencia entre vida y la acumulación de un montón de jodidos trastos. Aun así, debemos recordarnos constantemente (ya que nuestra cultura no lo hará por nosotros) que este monstruo llamado TRABAJO sigue siendo el objetivo preciso y exacto de nuestra ira rebelde, la realidad más opresiva a que nos enfrentamos (y debemos también aprender a reconocer el Trabajo cuando está disfrazado como “ocio’).
Estar “demasiado ocupado” para el proyecto Inmediatista es perderse la propia esencia del Inmediatismo. Luchar para juntarse cada lunes por la noche (o cuando sea) en los dientes de la tempestad de la ocupación, la familia, o invitaciones a estúpidas fiestas; esa lucha es ya en si misma Inmediatismo. Ten éxito en encontrarte físicamente, cara a cara con un grupo que no es tu cónyuge-e-hijos, o los “tíos del curro”, o tu Programa de 12 Pasos, y ya habrás alcanzado virtualmente todo lo que el Inmediatismo anhela. Un proyecto real surgirá casi espontáneamente de esta exitosa bofetada a la norma social del aburrimiento alienado. Hacia fuera, desde luego, el proyecto parecerá ser el propósito del grupo, su motivo para juntarse, pero de hecho la verdad es lo contrario. No estamos bromeando ni condescendiendo en la hipérbole cuando decimos que encontrarse cara a cara ya es “la revolución”. Lógralo y la parte de creatividad vendrá naturalmente; como “el reino de los cielos” se te añadirá. Desde luego será horriblemente difícil ¿por que si no nos habríamos pasado la última década intentando construir nuestra “bohemia en el correo” si hubiera sido fácil tenerla en algún quartier latin o comuna rural? Esa escoria de ratas-bastardas Capitalistas que te instan a “salir y tocar a alguien” con un teléfono o a “estar allí” (¿dónde?, ¿¿enfrente de una mierda de televisión??); esos mamones están intentando convertirte en una patética y lisiada ruedecita, exprimida y vaciada de sangre, en la máquina de muerte del alma humana (¡y no empecemos con sutilezas teológicas sobre qué queremos decir con “alma”!). Combátelos encontrándote con amigos, no para consumir o producir, sino para disfrutar de la amistad y habrás triunfado (al menos por un momento) sobre la conspiración más perniciosa en la sociedad EuroAmericana de hoy –la conspiración para convertirte en un cadáver viviente galvanizado por las prótesis y el terror a la escasez– para convertirte en un espía persiguiendo a tu propio cerebro. ¡Esto no es un asunto menor! ¡Esta es una cuestión de victoria o derrota!

2. Si la ocupación y la fisipación son los primeros fracasos potenciales del Inmediatismo, no podemos decir que su triunfo debería ser equiparado con el “éxito”. La segunda amenaza principal a nuestro proyecto puede ser descrita bastante simplemente como el éxito trágico del propio proyecto. Digamos que hemos superado la alienación física y nos hemos reunido, desarrollado nuestro proyecto y creado algo (una colcha , un banquete, una obra, un poco de ecosabotaje, etc.). A menos que lo mantengamos como un absoluto secreto –lo que es probablemente imposible y en cualquier caso constituiría un egoísmo bastante venenoso– otros oirán hablar de ello (otros del infierno, para parafrasear a los existencialistas), y entre estos otros, algunos serán agentes (conscientes o inconscientes, eso no importa) del Capitalismo Demasiado Tardío. El Espectáculo –o lo que sea que lo ha reemplazado desde 1968– por encima de todo está vacío. Se recarga por el constante engullido, a modo de Moloch, de los poderes creativos y energías de todos. Está más desesperado por tu “subjetividad radical” que cualquier vampiro o madero por tu sangre. Quiere tu creatividad mucho más de lo que la quieres tú mismo. Moriría a menos que tú lo deseases, y sólo lo desearás si parece que te ofrece los mismos deseos que soñaste, solo en tu genialidad solitaria, disfrazados y revendidos como mercancías. ¡Ah, las metafísicas artimañas de los objetos! (o palabras a ese efecto, Marx citado por Benjamin).

De repente os parecerá (como si un demonio os lo hubiera silbado a la oreja) que el arte Inmediatista que habéis creado es tan bueno, tan fresco, tan original, tan fuerte comparado con toda la mierda del “mercado” –tan puro– que podríais aguarlo y venderlo, y ganaros la vida con él, de modo que podríais todos dejar el TRABAJO, comprar una granja en el campo y después hacer arte juntos para siempre. Y quizás sea verdad. Podrías… después de todo, sois genios. Pero sería mejor que volaseis a Hawai y os tiraseis dentro de un volcán activo. Seguro, podríais tener éxito; podríais tener 15 segundos en el Telediario de la noche –o un documental de la PBS sobre vuestra vida. Si, efectivamente.

3. Pero aquí es donde el monstruo principal entra, atraviesa la pared del salón y os mata (si el Éxito no os ha “estropeado” ya, claro).

Porque para tener éxito primero debéis ser “vistos”. Y si sois vistos, seréis percibidos como malos, ilegales, inmorales –diferentes. Las principales fuentes de energía creativa del Espectáculo están todas en prisión. Si no sois una familia nuclear o una visita guiada del Partido Republicano, ¿por qué os estáis reuniendo entonces todos los lunes por la noche? ¿Asuntos de drogas?, ¿sexo ilícito?, ¿evasión de impuestos?, ¿satanismo?
Y desde luego hay bastantes posibilidades de que vuestro grupo Inmediatista esté involucrado en algo ilegal –ya que prácticamente todo lo placentero es ilegal. Babilonia odia que alguien disfrute de la vida, en vez de simplemente gastar dinero en un vano intento de comprar la ilusión del disfrute. Disipación, glotonería, consumo excesivo bulímico –éstos no son sólo legales, sino obligatorios. Si no te gastas en la vaciedad de las mercancías eres obviamente extraño y por definición tienes que estar quebrantando alguna ley. En esta sociedad el verdadero placer es más peligroso que el robo de bancos. Al menos los ladrones de bancos comparten el respeto de Massa por el dinero de Massa. Pero vosotros, pervertidos, claramente merecéis arder en la hoguera –y aquí llegan los campesinos con sus antorchas, ansiosos por cumplir el mandato del Estado sin que ni siquiera se lo pidan. Ahora vosotros sois los monstruos, y vuestro pequeño castillo gótico de Inmediatismo está envuelto en llamas. De repente empiezan a salir maderos de todas partes. ¿Están en orden vuestros papeles? ¿Tenéis permiso para existir?.

El Inmediatismo es un picnic –pero no es fácil. El Inmediatismo es el sendero más natural imaginable para los humanos libres –y por tanto la abominación más innatural a los ojos del Capital. El Inmediatismo triunfará, pero sólo al coste de la autoorganización del poder; de la clandestinidad y de la insurrección. El Inmediatismo es nuestro placer, el Inmediatismo es peligroso.

Involución

Hasta ahora hemos tratado el Inmediatismo como un movimiento estético más que como uno político; pero si lo “personal es político” entonces ciertamente lo estético debe ser considerado aún más así. No puede decirse que “el arte por el arte” exista, a menos que se entienda que esto implica que el arte per se funciona como un poder político, esto es, un poder capaz de expresar o incluso cambiar el mundo en vez de meramente describirlo.

De hecho el arte siempre busca ese poder, tanto si el artista permanece inconsciente del hecho y cree en la estética “pura”, como si se vuelve tan hiperconsciente del hecho como para no producir más que agit-prop. La conciencia en si, como señaló Nietzsche, juega en la vida un papel mucho menos significativo que el poder. No podría imaginarse una prueba más rápida de esto que la existencia continuada de un “Mundo del Arte” (SoHo, la calle 37, etc.) que todavía cree en los dominios separados del arte político y el arte estético. Semejante fallo de conciencia permite a este “mundo” el lujo de producir arte con un contenido político abierto (para satisfacer a sus clientes liberales) , así como arte sin ese contenido, que meramente expresa el poder de la escoria burguesa y los banqueros que lo compran para sus carteras de inversiones.

Si el arte no poseyera y ejerciera este poder no merecería la pena y nadie lo practicaría. El arte por el arte literal no produciría nada más que impotencia y nulidad. Incluso los decadentes del cambio de siglo que inventaron l’art pour l’art lo usaron políticamente: como un arma contra los valores burgueses de “utilidad”, “moralidad” y demás. La idea de que el arte puede ser vaciado de significado político atrae ahora solamente a esos cretinos liberales que quieren disculpar la “pornografía” basándose en que “es sólo arte” y por tanto no puede cambiar nada. (Odio a esos gilipollas aún más que a Jesse Helms ; ¡al menos él todavía cree que el arte tiene poder!).

Incluso si se puede –por el momento– admitir que exista un arte sin contenido político (aunque esto sigue siendo sumamente problemático), entonces el significado político del arte puede todavía buscarse en los medios de su producción y consumo. El arte de la calle 57 sigue siendo burgués sin importar lo radical que pueda parecer su contenido, como Warhol probó al pintar al Che Guevara; de hecho Valerie Solanas se reveló mucho más radical –pegándole un tiro– (y quizás incluso más radical que el Che, ese Rodolfo Valentino del Fascismo Rojo).

De hecho no estamos terriblemente preocupados por el contenido del arte Inmediatista. El Inmediatismo sigue siendo para nosotros más juego que “movimiento”; como tal, el juego puede resultar en didactismo Brechtiano o en Terrorismo Poético, pero bien puede igualmente no dejar tras de sí ningún contenido (como en un banquete) o bien uno sin un mensaje político obvio (como una colcha). La cualidad radical del Inmediatismo se expresa en sí mismo más que en su modo de producción y consumo.

Esto es, es producido por un grupo de amigos bien para si mismo solamente o para un grupo de amigos mayor; no es producido para la venta, ni es vendido, ni (idealmente) se le permite deslizarse en forma alguna fuera del control de sus productores. Si está pensado para el consumo fuera del circulo entonces debe ser hecho de tal forma que se mantenga impermeable a la cooptación y la mercantilización. Por ejemplo, si una de nuestras colchas se nos escapase y acabara vendida como “arte” a algún capitalista o museo, deberíamos considerarlo un desastre. Las colchas deben quedarse en nuestras manos o ser dadas a quienes van a apreciarlas y guardarlas. En cuanto a nuestra agitprop debe resistir la mercantilización por su propia forma; –no queremos que nuestros pósters se vendan veinte años más tarde como “arte”, como Mayakovski (o Brecht, si a ello vamos). La mejor agitprop Inmediatista no dejará ningún rastro, excepto en las almas de quienes hayan sido cambiados por ella.

Permítasenos repetir aquí que la participación en el inmediatismo no excluye la producción/consumo de arte en otras formas por los individuos que conforman el grupo. No somos ideólogos, y esto no es Jonestown. Esto es un juego, no un movimiento; tiene reglas de juego, pero no leyes. Al Inmediatismo le encantaría que todo el mundo fuera un artista, pero nuestro objetivo no es la conversión masiva. El atractivo del juego está en su capacidad para escapar de las paradojas y contradicciones del mundo del arte comercial (incluyendo la literatura, etc.), donde todos los gestos liberadores parecen acabar como meras representaciones y por tanto traiciones a si mismos. Ofrecemos la oportunidad de un arte que está inmediatamente presente en virtud del hecho de que sólo puede existir en nuestra presencia. Algunos de nosotros pueden todavía escribir novelas o pintar cuadros, sea para “ganarse la vida” o para buscar formas de redimir estas formas de la recuperación. Pero el Inmediatismo deja de lado estos problemas. Así, es “privilegiado”, como todos los juegos.

Pero no podemos sólo por esta razón llamarlo involucionado, vuelto sobre sí mismo, cerrado, hermético, elitista, arte por el arte. En el Inmediatismo el arte es producido y consumido en cierta manera, y este modus operandi es ya “político” en un sentido muy específico. Para captar este sentido, sin embargo, tenemos que explorar primero la “involución” más de cerca.

Se ha convertido en un tópico decir que la sociedad ya no expresa un consenso (sea reaccionario o liberador), sino que un falso consenso es expresado para la sociedad; llamemos a este falso consenso “la Totalidad”. La Totalidad es producida a través de la mediación y la alienación, que intentan subsumir o absorber todas las energías creativas para la Totalidad. Mayakovski se suicidó cuando se dio cuenta de esto; quizá nosotros estemos hechos de un material más duro, quizá no. Pero en beneficio de la discusión, asumamos que el suicidio no es una “solución”.

La Totalidad aísla a los individuos y los vuelve impotentes al ofrecerles sólo modos ilusorios de expresión social, modos que parecen prometer liberación o autorealización pero que de hecho terminan produciendo aún más mediación y alienación. Este complejo puede verse claramente en el nivel del “fetichismo del producto”, donde las formas más rebeldes o vanguardistas del arte pueden ser convertidas en pienso para la PBS o la MTV o en anuncios de vaqueros o perfume.

En un nivel más sutil, sin embargo, la Totalidad puede absorber y re-dirigir cualquier poder, sea el que sea, simplemente re-contextualizándolo y re-presentándolo. Por ejemplo, el poder liberador de un cuadro puede ser neutralizado o incluso absorbido simplemente colocándolo en el contexto de una galería o museo, donde automáticamente se convierte en una mera representación del poder liberador. El gesto insurreccional de un loco o criminal no es negado solamente encerrando al autor, sino aún más permitiendo que el gesto sea representado –por un psiquiatra o por algún descerebrado programa-de-maderos en el canal 5 o incluso por un libro-de-mesa-de-café sobre Art Brut. A esto se le ha llamado “recuperación Espectacular”; sin embargo, la Totalidad puede ir aún más allá que esto simplemente simulando aquello que antes buscaba recuperar. Esto es, el artista y el loco ya no son necesarios ni siquiera como fuentes de apropiación o “reproducción mecánica”, como la llamó Benjamin. La simulación no puede reproducir el tenue reflejo del “aura” que Benjamin concedía incluso a la mercancía-basura, su “rastro utópico”. La simulación no puede de hecho reproducir o producir nada excepto desolación y miseria. Pero como la Totalidad florece en nuestra miseria, la simulación se ajusta bastante admirablemente a su propósito.

Todos estos efectos pueden ser rastreados con la mayor obviedad y crudeza en el área llamada generalmente “los Medios” (aunque sostenemos que la mediación tiene un alcance mucho mayor incluso que lo que el término retransmisión pudo nunca describir o indicar). El papel de los Medios en la reciente Guerra de Nintendo –de hecho la exacta identificación de los Medios con la guerra proporciona un marco perfecto y ejemplar. A través de toda Norteamérica millones de personas poseían al menos suficiente “ilustración” para condenar esta horrible parodia de moralidad impuesta por ese espía asesino traficanre-de-crack de la Casa Blanca. Sin embargo los Medios produjeron (esto es, simularon) la impresión de que virtualmente ninguna oposición a la guerra de Bush existía o podía existir; que (citando a Bush) “no hay un Movimiento por la Paz”. Y de hecho no había un Movimiento por la Paz –sólo millones de personas cuyo deseo de paz había sido negado por La Totalidad, borrado, “desaparecido” como las víctimas de los escuadrones de la muerte Peruanos; gente separada entre sí por la brutal alienación de la TV, la gestión de las noticias, el infoentreteniniento y la pura desinformación; gente a la que se hizo sentir aislada, alienada, chalada, extraña, equivocada, finalmente inexistente; gente sin voces; gente sin poder.

Este proceso de fragmentación ha alcanzado una terminación casi universal en nuestra sociedad, al menos en el área del discurso social. Cada persona toma parte en una “relación de involución” con la simulación espectacular de los Medios. Esto es, nuestra “relación” con los Medios es esencialmente vacía e ilusoria, así que incluso cuando nos parece que estamos llegando más allá y percibiendo la realidad en los Medios, de hecho estamos siendo obligados a retroceder sobre nosotros mismos, alienados, aislados, impotentes. Norteamérica está llena a rebosar de gente que siente que, sin importar lo que digan o hagan, no se logrará nada diferente; que nadie está escuchando; que no hay nadie que escuche. Este sentimiento es el triunfo de los Medios. “Ellos” hablan, tú escuchas –y por tanto te vuelves sobre ti mismo en una espiral de soledad, distracción, depresión y muerte espiritual.

Este proceso afecta no sólo a individuos sino también a los grupos que todavía existen fuera de la Matriz del Consenso de la familia nuclear, escuela, iglesia, trabajo, ejército, partido político, etc. A cada grupo de artistas o activistas por la paz o lo que sea se le hace también sentir que no es posible ningún contacto con otros grupos. Cada grupo “vivencial” compra la simulación de la rivalidad y enemistad con otros grupos similares de consumidores. A cada raza y clase se le asegura su alienación existencial insuperable de todas las demás razas y clases (como en Cómo viven los ricos y famosos).

El concepto de “red” comenzó como una estrategia revolucionaria para rodear y superar la Totalidad estableciendo conexiones horizontales (no mediadas por la autoridad) entre individuos y grupos. En los años 80 descubrimos que la red podía también ser mediada y de hecho tenia que ser mediada –por el teléfono, los ordenadores, Correos, etc.– y por tanto estaba condenada a fallarnos en nuestra lucha contra la alienación. La tecnología de la comunicación puede aún ofrecer herramientas útiles en esta lucha, pero ahora ya está claro que la Tecnología de Comunicaciones no es un objetivo en si misma. Y de hecho nuestra desconfianza hacia tecnologías aparentemente “democráticas” como los PCs o los teléfonos se incrementa con cada fracaso revolucionario en la toma de control de los medios de producción. Francamente no deseamos ser forzados a decidir si cualquier nueva tecnología será o deberá ser o no liberadora o contraliberadora. “Después de la revolución” tales preguntas se responderían a sí mismas en el contexto de una “política del deseo”. Por ahora, sin embargo, hemos descubierto (no inventado) el Inmediatismo como un medio de producción directa y presentación de energías creativas, liberadoras y lúdicas, llevadas a cabo sin recurso a la mediación de cualquier estructura mecánica o alienada sea la que sea… o al menos eso esperamos.

En otras palabras, se pueda o no usar una tecnología dada o forma de mediación para superar la Totalidad, hemos decidido jugar un juego que no usa esa tecnología y por ello no necesita cuestionarla –al menos, no dentro de las fronteras del juego. Reservamos nuestro desafío, nuestro cuestionamiento, para la Totalidad total, no para cualquier “problema” con el que ella quiera distraernos.

Y esto nos devuelve a la “forma política” del Inmediatismo. Cara a cara, cuerpo a cuerpo, aliento con aliento (literalmente una conspiración) –el juego del Inmediatismo simplemente no puede jugarse en cualquier nivel accesible al falso Consenso. No representa la “vida cotidiana” –no puede SER otra cosa que “vida cotidiana”, aunque se posiciona por la penetración de lo maravilloso, por la iluminación de lo real por lo prodigioso. Como una sociedad secreta, la red que crea debe ser lenta (infinitamente más lenta que la “velocidad pura” de la TecCom, los medios y la guerra), y debe ser corpórea, más que abstracta, descarnada, mediada por la máquina o la autoridad o la simulación.

En este sentido decimos que el Inmediatismo es un picnic (una con-vivencia) pero no es fácil –es lo más natural para los espíritus libres pero es peligroso. El contenido no tiene nada que ver con él. La misma existencia del Inmediatismo es ya una insurrección.

Imaginación

Hay un tiempo para el teatro –Si la imaginación de un pueblo se debilita surge en ella la inclinación a hacer que sus leyendas le sean presentadas sobre el escenario: puede ahora soportar esos crudos sustitutos de la imaginación. Pero para esas edades a las que pertenece el rapsoda épico, el teatro y el actor disfrazado de héroe son un estorbo para la imaginación más que un medio de darle alas: demasiado cercano, demasiado definido, demasiado pesado, con demasiado poco de sueño y vuelo de pájaros. (Nietzsche)

Pero por supuesto el rapsoda, que aquí aparece sólo a un paso de distancia del chamán (”…sueño y vuelo de pájaros”) debe también ser llamado una especie de medio o puente situado entre “un pueblo” y su imaginación. (Nota: vamos a usar la palabra “imaginación” a veces en el sentido de William Blake y a veces en el sentido de Gaston Bachelard, sin optar por una determinación “espiritual” o “estética” y sin recurso a la metafísica.) Un puente transporta (”traducir”, “metáfora”) pero no es el original. Y traducir es traicionar. Incluso el rapsoda proporciona un poco de veneno para la imaginación.

La etnografía, sin embargo, nos permite afirmar la posibilidad de sociedades donde los chamanes no son especialistas de la imaginación, sino donde todo el mundo es un tipo especial de chamán. En estas sociedades, todos los miembros (excepto los mentalmente disminuidos) actúan como chamanes y bardos tanto para sí mismos como para su pueblo. Por ejemplo: ciertas tribus amerindias de las Grandes Praderas desarrollaron las más complejas de todas las culturas de cazadores/recolectores bastante tarde en su historia (quizá en parte gracias al fusil y el caballo, tecnologías adoptadas de la cultura europea). Cada persona adquiría identidad completa y total pertenencia a “el Pueblo” sólo a través de la Búsqueda de la Visión, y su representación artística para la tribu. Así cada persona se convertía en un “rapsoda épico” compartiendo esta individualidad con la colectividad.

Los pigmeos, entre las culturas más “primitivas”, ni producen ni consumen su música, sino que se convierten en masse en “la Voz del Bosque”. En el otro extremo de la escala, entre las sociedades agrícolas complejas, como Bali en el borde del siglo XX, “todo el mundo es un artista” (y en 1980 un místico javanés me dijo, “todo el mundo debe ser un artista”).

Los objetivos del Inmediatismo están en algún lugar a lo largo de la trayectoria aproximadamente descrita por estos tres puntos (pigmeos, indios de las praderas, balineses), que han sido todos ligados al concepto antropológico del “chamanismo democrático”. Los actos creativos, ellos mismos el resultado externo de la interioridad de la imaginación, no están mediados y alienados (en el sentido en que hemos estado usando estos términos) cuando son llevados a cabo POR todo el mundo PARA todo el mundo, cuando son producidos pero no reproducidos, cuando son compartidos pero no fetichizados. Desde luego estos actos son alcanzados a través de una mediación de algún tipo y hasta cierto punto, como lo son todos los actos; pero aún no se han convertido en fuerzas de extrema alienación entre algún Experto/Sacerdote/Productor de un lado y algún desventurado “profano” o consumidor del otro.

Diferentes medios exhiben por tanto diferentes grados de mediación –y quizás pueden incluso ser clasificados sobre esa base. Aquí todo depende de la reciprocidad, en un intercambio más-o-menos igual de lo que se pueden llamar “quanta de la imaginación”. En el caso del rapsoda épico que media la visión para la tribu, gran cantidad de trabajo –o de soñar activo– aun ha de ser hecho por los oyentes. Deben participar imaginativamente en el acto de contar/oír, y deben convocar imágenes de sus propias reservas de poder creativo para completar el acto del rapsoda.

En el caso de la música Pigmea la reciprocidad se vuelve prácticamente todo lo completa posible, ya que la tribu entera media la visión sólo y precisamente para la tribu entera; mientras que para los balineses, la reciprocidad asume una economía más compleja en la que la especialización está altamente articulada, en la que “el artista no es un tipo especial de persona, sino que cada persona es un tipo especial de artista.”
En el “teatro ritual” del Vudú y la Santería, todo el mundo presente debe participar visualizando los loas y orishas (arquetipos imaginales) y convocándolos (mediante cantos y ritmos “de firma”) a manifestarse. Cualquiera presente puede convertirse en un “caballo” o médium para uno de estos santos cuyas palabras y acciones asumen entonces para todos los celebrantes el aspecto de la presencia del espíritu (esto es, la persona poseída no representa sino que presenta). Esta estructura, que también subyace en el teatro ritual indonesio, puede ser tomada como ejemplar para la producción creativa del “chamanismo democrático”. Para construir nuestra escala de imaginación para todos los medios, podemos empezar comparando este “teatro vudú” con el teatro europeo del siglo XVIII descrito por Nietzsche..

En este último, nada de la visión (o “espíritu”) original está en realidad presente. Los actores meramente re-presentan –están “disfrazados”. No se espera que ningún miembro de la compañía o del público será repentinamente poseído (o incluso “inspirado” en ningún alto grado) por las imágenes del autor. Los actores son especialistas o expertos de la representación, mientras que el público son personas “profanas” a las que le son transferidas varias imágenes. El público es pasivo, demasiado está siendo hecho para el público, que está en realidad encerrado en un lugar en oscuridad y silencio, inmovilizados por el dinero que han pagado por esta experiencia delegada.

Artaud, que se dio cuenta de esto, intentó revivir el teatro ritual vudú (desterrado de la Cultura Occidental por Aristóteles) pero llevó a cabo el intento dentro de la propia estructura (actor/público) del teatro aristotélico; intentó destruirlo o mutarlo de dentro a fuera. Fracasó y se volvió loco, haciendo estallar toda una serie de experimentos que culminaron en el asalto del Living Theater contra la barrera actor/público, un asalto literal que intentaba forzar a los miembros del público a “participar” en el ritual. Estos experimentos produjeron algún gran teatro, pero todos fracasaron en su propósito más profundo. Ninguno fue capaz de superar la alienación que Nietzsche y Artaud habían criticado.

Aun así, el Teatro ocupa un lugar mucho más alto en la Escala Imaginal que otros medios más tardíos como el cine. Al menos en el teatro actores y público están físicamente presentes en el mismo espacio, juntos, permitiendo la creación de lo que Peter Brook llamó la “invisible cadena dorada” de atención y afinidad entre actores y público –la bien conocida “magia” del teatro. Con el cine, sin embargo, esta cadena se rompe. Ahora el público se sienta solo en la oscuridad sin nada que hacer, mientras los actores ausentes son representados por iconos gigantes. Siempre lo mismo sin importar cuantas veces es “mostrado”, hecho para ser reproducido mecánicamente, carente de toda “aura”, el cine de hecho prohibe “participar” a su público –el cine no necesita de la imaginación del público. Desde luego, el cine necesita el dinero del público, y el dinero es una especie de residuo imaginal concretizado, después de todo.

Eisenstein apuntó que el montaje establece una tensión dialéctica en el filme que involucra la mente del espectador –intelecto e imaginación– y Disney podría añadir (si estuviera capacitado para la ideología) que la animación incrementa este efecto porque la animación está, en efecto, completamente hecha de montaje. El cine tiene también su “magia”. Concedido. Pero desde el punto de vista de la estructura hemos recorrido un largo camino desde el teatro vudú y el chamanismo democrático –nos hemos acercado peligrosamente a la mercantilización de la imaginación y a la alienación de las relaciones mercantiles. Casi hemos renunciado a nuestro poder de volar, incluso de volar en sueños.

¿Los libros? Los libros como medios transmiten sólo palabras –nada de sonidos, vistas, olores o tactos, todos los cuales se dejan a la imaginación del lector. Bueno… pero no hay nada “democrático” en los libros. El autor/editor produce, tú consumes. Los libros atraen a gente “imaginativa”, quizás, pero toda su actividad imaginal realmente equivale a la pasividad, sentarse solo con un libro, dejando que algún otro cuente la historia. La magia de los libros tiene algo de siniestro, como la Biblioteca de Borges. La idea de la Iglesia de una lista de libros condenables probablemente no fue lo bastante lejos –porque en un sentido, todos los libros están condenados. El eros del texto es una perversión –aunque, sin embargo, una a la que somos adictos, y que no tenemos prisa por abandonar.

Sobre la radio, claramente es un medio de ausencia como el libro sólo que aún más, pues los libros te dejan solo a la luz, la radio solo en la oscuridad. La más exacerbada pasividad del “oyente” es revelada por el hecho de que los anunciantes paguen por anuncios en la radio, no en los libros (o no mucho). Sin embargo, la radio deja un “trabajo” imaginativo para el oyente mucho mayor que, digamos, la televisión para el espectador. La magia de la radio: uno puede usarla para escuchar la radiación de las manchas solares, las tormentas en Júpiter, el silbido de los cometas. La radio es anticuada; de ahí su carácter seductor. Los predicadores de la radio dicen, “Poned vuestras manos sobre la Radio, hermanos y hermanas, y sentid el poder cuuurativoooo de la Palabra!” ¿Radio Vudú?

(Nota: podría hacerse un análisis similar de la música grabada: esto es, que es alienante pero aún no alienada. Los discos reemplazaron la música amateur tocada en las familias. La música grabada es demasiado ubicua, demasiado fácil –la que no está presente no es rara. Y aún así hay mucho que decir en favor de los viejos y raspeantes discos de 78 rpm que suenan en distantes emisoras tarde en la noche –un destello de iluminación que parece chispear a través de todos los niveles de mediación y alcanzar una presencia paradójica.)

Es en este sentido que podríamos quizá prestar algo de fe a la por lo demás dudosa proposición de que “¡la radio es buena–la televisión mala!”. Porque la televisión ocupa el escalón inferior de la escala de la imaginación en los medios. No, eso no es cierto. La “Realidad Virtual” está aun más abajo. Pero la TV es el medio al que los situacionistas se referían cuando hablaban de “el Espectáculo”. La televisión es el medio que más quiere superar el Inmediatismo. Los libros, el teatro, el cine y la radio mantienen lo que Benjamin llamó “la huella utópica” (al menos in potentia) –el último vestigio de un impulso contra la alienación, el último perfume de la imaginación. La TV sin embargo empezó por borrar incluso esa huella. No es extraño que quienes primero emitieron videos fueran los nazis. La TV es a la imaginación lo que el virus al ADN. El fin. Más allá de la TV está sólo el dominio del los infra-medios del no-espacio/no-tiempo, la instantaneidad y éxtasis de la TecCom, pura velocidad, la descarga de la conciencia en la máquina, en el programa –en otras palabras, el infierno.
¿Significa esto que el Inmediatistno quiere “abolir la televisión”? No, ciertamente no –porque el Inmediatismo quiere ser un juego, no un movimiento político, y ciertamente no una revolución con el poder de abolir medio alguno. Los objetivos del Inmediatismo deben ser positivos, no negativos. No sentimos llamada alguna a eliminar ningún “medio de producción” (o incluso re-producción) que des-pués de todo podría algún día caer en las manos de “un pueblo”.

Hemos analizado los medios preguntándonos cuánta imaginación está implicada en cada uno, v cuánta reciprocidad, solamente para hacer efectivos los medios más eficaces para resolver el problema señalado por Nietzsche y tan dolorosamente sentido por Artaud, el problema de la alienación. Para esta tarea necesitamos una jerarquía aproximada de los medios, un medio de medir su potencial para nuestros usos. Aproximadamente, entonces, cuanta más imaginación es liberada y compartida, más útil es el medio.
Quizá no podamos ya convocar espíritus que nos posean, o visitar sus dominios como hacían los chamanes. Quizá tales espíritus no existan, o quizá estemos demasiado “civilizados” para reconocerlos. O quizá no. La imaginación creativa, sin embargo, sigue siendo para nosotros una realidad –y una que debemos explorar, incluso en la vana esperanza de nuestra salvación.

Lascaux

Toda cultura (o al menos toda cultura urbana/agrícola importante) mima dos mitos que aparentemente se contradicen entre sí: el mito de la Degeneración y el mito del Progreso. A Réné Guénon y los neo-tradicionalistas les gusta pretender que ninguna cultura antigua creyó nunca en el Progreso, pero por supuesto que todas lo hicieron.

Una versión del mito de la Degeneración en la cultura IndoEuropea se centra alrededor de la imagen de los metales: oro, plata, bronce, hierro. ¿Pero qué hay del mito en donde Kronos y los Titanes son destruidos para hacer sitio a Zeus y los Olimpicos? –una historia análoga a la de Tiamat y Marduk, o Leviatán y Jah. En estos mitos del “Progreso” un temprano panteón “Femenino” tectónico, caótico, terrestre (o acuático) es reemplazado (derrocado) por un posterior panteón “masculino”, espiritualizado, ordenado celestial. ¿No es esto un paso adelante en el tiempo? no han afirmado el Budismo, el Cristianismo y el Islam ser mejores que el paganismo?.
Es verdad desde luego que ambos mitos –la Degeneración tanto como el Progreso– sirven a los fines del Control y la Sociedad del Control. Ambos admiten (que antes del actual estado de cosas existió algo más, una forma diferente de lo social. En ambos casos nos parece estar viendo una visión de “memoria racial” del Paleolítico, la grande y prolongada Prehistoria inmutable de lo humano. En un caso esa era es vista como un vasto desorden desagradablemente brutal; el siglo XVIII no descubrió este punto de vista, sino que lo halló ya expresado en la cultura Clásica y Cristiana. En el otro caso, lo primordial es considerado precioso, inocente, más feliz y más fácil que el presente, más luminoso que el presente pero irrevocablemente desvanecido, imposible de recuperar excepto mediante la muerte.

Así, para todos los leales y entusiastas devotos del Orden, el Orden se presenta como inconmensurablemente más perfecto que cualquier Caos original; mientras que para los desafectos, enemigos potenciales del Orden, el Orden se presenta como cruel y opresivo (”hierro”) pero total y fatalmente inevitable –de hecho, omnipotente.
En ninguno de los casos admitirán los mitopoetas del Orden que el “Caos” o “la Edad de Oro” podrían existir aún en el presente, o que existen en el presente, aquí y ahora de hecho –pero reprimidos por la totalidad ilusoria de la Sociedad del Orden. Creemos de todos modos que “lo paleolítico” (que no es ni más ni menos mito que el “caos” o la “edad de oro”) existe incluso ahora como una especie de inconsciente dentro de lo social. Creemos también que al llegar a su fin la Era Industrial, y con ella lo último de la “revolución agrícola” del Neolítico, y con ello la decadencia de las últimas religiones del Orden, este “material reprimido” será descubierto una vez más. ¿Qué otra cosa podríamos querer decir cuando hablamos de “nomadismo psíquico o de “la desaparición de lo Social”? El final de lo Moderno no significa un regreso AL Paleolítico, sino un regreso DEL Paleolítico.

La antropología posclásica (o posacadémica) nos ha preparado para este regreso de lo reprimido, porque sólo muy recientemente hemos llegado a entender y simpatizar con las sociedades de cazadores/recolectores. Las cuevas de Lascaux fueron redescubiertas precisamente cuando hacía falta que fueran redescubiertas, porque ningún antiguo romano ni cristiano medieval ni racionalista del siglo XVIII habría podido nunca encontrarlas bellas o significativas. En estas cuevas (símbolos de una arqueología de la consciencia) encontramos los artistas que las crearon; los descubrimos como ancestros y también como nosotros mismos, vivos y presentes.

Paúl Goodman definió una vez el anarquismo como “conservadurismo neolitico”. Ingenioso, pero ya no es acertado. El anarquismo (o el Anarquismo Ontológico, al menos) ya no simpatiza con agriculturalistas campesinos, sino con las estructuras sociales no autoritarias y la economía pre-valor-excedente de los cazadores/recolectores. Además no podemos definir esta simpatía como “conservadora”. Un término mejor sería “radical”, puesto que hemos encontrado nuestras raíces en la Antigua Edad de Piedra, una especie de eterno presente. No deseamos regresar a una tecnología material del pasado (no tenemos ningún deseo de hacernos volver a bombazos a la Edad de Piedra), sino más bien el regreso de una tecnología psíquica que olvidamos que poseíamos.

El hecho de que encontramos Lascaux bello significa que Babilonia ha empezado al menos a caer. El anarquismo es probablemente más un síntoma que una causa de este desvanecerse. A pesar de nuestras imaginaciones utópicas no sabemos qué esperar. Pero nosotros, al menos, estamos preparados para la deriva hacia lo desconocido. Para nosotros es una aventura, no el Fin del Mundo. Hemos dado la bienvenida al retorno del Caos, porque junto con el peligro viene –por fin– una oportunidad de crear.


Vernissage

¿Qué es lo divertido del Arte?
¿Se rió el dadá del Arte hasta matarlo? ¿O quizás este sardonicidio tuvo lugar aún antes, con la primera representación de Ubú Rey?. ¿O con la sarcástica risa de Fantasma-de-la-ópera de Baudelaire, que tanto molestaba a sus amigos buenos burgueses?

Lo divertido del Arte (aunque es mas divertido-peculiar que divertido-ja-ja) es la visión del cadáver que rehusa yacer, esta juerga de zombies, este juego de marionetas de osario con todas las cuerdas unidas al Capital (plutócrata hinchado al estilo de Diego Rivera), este simulacro moribundo vagando frenéticamente, pretendiendo ser la cosa más viva del universo.

Ante una ironía como ésta, una doblez tan extrema que se convierte en un abismo insalvable, cualquier poder curativo de la risa-en-el-arte sólo puede ser considerado sospechoso, la ilusoria propiedad de una élite autonombrada o una pseudovanguardia. Para tener una verdadera vanguardia el Arte debe estar yendo a algún sitio, y hace mucho que éste ya no es el caso. Mencionamos a Rivera; seguramente ningún artista político más genuinamente divertido ha pintado en nuestro siglo –¿pero en ayuda de qué?. ¡El trotskismo! ¡El callejón con menos salida y más muerto de la política del siglo XX!. No hay poder curativo aquí –sólo el sonido hueco de la parodia impotente, resonando sobre el abismo.

Para curar, uno primero destruye –y el arte político que no logra destruir el objetivo de su risa acaba por reforzar las mismas fuerzas que buscaba atacar. “Lo que no me mata me hace más fuerte,” dice mofándose la figura porcina con su brillante sombrero de copa (parodiando a Nietzsche, por supuesto, pobre Nietzsche, que intentó reírse de todo el siglo XIX hasta matarlo, pero acabó como un cadáver viviente, cuya hermana ató cuerdas a sus extremidades para hacerle bailar para los fascistas).

No hay nada particularmente misterioso o metafísico sobre el proceso. Las circunstancias, la pobreza, forzaron una vez a Rivera a aceptar un encargo para venir a los EEUU y pintar un mural ¡para Rockefeller!, ¡el mismo puerco arquetípico de Wall Street!. Rivera hizo de su obra una descarada pieza de agitprop comunista, y entonces Rockefeller hizo que fuese destruido. Por si esto no fuese bastante divertido, la verdadera broma es que Rockefeller podía haber saboreado la victoria aún más dulcemente no destruyendo la obra, sino pagándola y exhibiéndola, convirtiéndola en Arte, ese parásito desdentado del decorador de interiores, esa broma.

El sueño del Romanticismo: que el mundo de la realidad de los valores burgueses podía de algún modo ser persuadido a consumir, a tomar en si mismo, un arte que en principio parecía como todo el restante arte (libros que leer, cuadros que colgar en la pared, etc.) pero que secretamente infectaría esa realidad con aIgo más; que cambiaría la forma en que se veía a sí mismo, trastornándolo, reemplazándolo con los valores revolucionarios del Arte.

Este fue también el sueño que soñó el surrealismo. Incluso dadá, pese a su demostración exterior de cinismo, aún se atrevía a tener esperanza. Del Romanticismo al Situacionismo, de Blake a 1968, el sueño de cada ayer exitoso se convirtió en la decoración de salón de todos los mañanas –comprado, mascado, reproducido, vendido, enviado a museos, bibliotecas, universidades y otros mausoleos, olvidado, perdido, resucitado, convertido en moda nostálgica, reproducido, vendido, etc., etc., ad nauseam.

Para entender cuán a fondo Cruikshank o Daumier o Grandville o Rivera o Tzara destruyeron la visión del mundo burguesa de su tiempo, uno debe enterrarse en una ventisca de referencias históricas y alucinar –porque de hecho la destrucción-por-la-risa fue un éxito teórico pero un fracaso real– el peso muerto de la ilusión no pudo ser movido ni una pulgada en las galernas de la risa, el ataque de la risa. No fue la sociedad burguesa lo que se desplomó después de todo, fue el arte.

A la luz del engaño del que hemos sido víctimas, nos parece como si al artista contemporáneo se le ofreciesen dos opciones(ya que el suicidio no es una opción): una, lanzar ataque tras ataque, movimiento tras movimiento, en la esperanza de que un día (pronto) “la cosa se habrá vuelto tan débil, tan vacía que se evaporará y nos dejará de repente solos en el campo; o, dos, empezar ahora mismo, inmediatamente a vivir como si la batalla ya estuviera ganada, como si hoy el artista no fuese ya un tipo especial de persona, sino cada persona un tipo especial de artista. (Esto es lo que los situacionistas llamaban “la supresión y realización del arte.”)

Las dos opciones son tan “imposibles” que actuar sobre cualquiera de ellas sería una broma. No tendríamos que hacer arte “divertido” porque simplemente hacer arte sería lo bastante divertido como para echar los bofes. Pero al menos sería nuestra broma. (¿Quién puede decir con seguridad que fracasaríamos? “Me encanta no conocer el futuro” - Nietzsche.) Para empezar a jugar a este juego, de todos modos, probablemente tendríamos que establecer algunas reglas para nosotros:

1.No hay cuestiones. No hay cosas tales como sexismo, fascismo, especismo, aspectismo, o cualquier otra “cuestión de sufragio” que pueda ser separada del complejo social y tratada con un “discurso” como un “problema”. Existe sólo la totalidad que subsume todas estas “cuestiones” ilusorias en la completa falsedad de su discurso, convirtiendo así todas las opiniones, en favor y en contra, en meros pensamientos-mercancía que comprar y vender. Y esta totalidad es ella misma una ilusión, una maligna pesadilla de la que estamos intentando (mediante el arte, o el humor, o por cualesquiera otros medios) despertar.

2.Tanto como sea posible, cualquier cosa que hagamos debe ser hecha fuera de la estructura psíquico/económica establecida por la totalidad como el espacio permisible para el juego del arte. ¿Cómo, os preguntaréis, nos vamos a ganar la vida sin galerías, agentes, museos, editoras comerciales, la NEA , y otras agencias de asistencia de las artes?. Oh, bueno, uno no necesita preguntar lo improbable. Pero uno debe desde luego demandar lo “imposible” –¿por qué hostias es sino uno un artista?. No es suficiente con ocupar un seguro asiento sagrado llamado Arte desde el que burlarse de la estupidez e injusticia del mundo “carroza”. El arte es parte del problema. El Mundo del Arte tiene la cabeza metida en el culo, y se ha hecho necesario desengancharse o si no vivir en un paisaje lleno de mierda.

3.Por supuesto uno debe de seguir “ganándose la vida” de alguna manera –pero lo esencial es hacer una vida. Sea lo que sea lo que hagamos, sea la que sea la opción que tomemos (quizá todas ellas), o por mucho que nos comprometamos, deberíamos rezar para no confundir nunca el arte con la vida. El Arte es breve, la Vida es larga. Deberíamos intentar estar preparados para ir a la deriva, para nomadear, para deslizarnos de todas las redes, para no establecernos nunca, para vivir mediante muchas artes, para hacer nuestras vidas mejor que nuestro arte, para hacer del arte nuestro impulso más que nuestra excusa.

4.La risa curativa (como opuesta a la risa venenosa y corrosiva) sólo puede surgir de un arte que es serio –serio pero no sobrio. La morbidez sin sentido, el nihilismo cínico, la enrollada frivolidad postmoderna, el gimoteo/quejiqueo/lloriqueo (el culto liberal de la “víctima”), el agotamiento, la hiperconformidad irónica baudrillardiana –ninguna de estas opciones es lo bastante seria y a la vez ninguna está lo bastante intoxicada para ajustarse a nuestros propósitos, mucho menos provocar nuestra risa.


“Visión Cruda”

Las categorías de arte naif “art brut” y arte demente o excéntrico que arrojan su sombra sobre varias categorías adicionales del arte neo-primitivo o urbano-primitivo; todas estas formas de categorizar y etiquetar el arte siguen siendo estúpidas esto es, no solo finalmente inútiles sino también esencialmente insensuales, desconectadas del cuerpo y el deseo. ¿Qué caracteriza realmente a todas estas formas de arte?. No su marginalidad en relación a una corriente principal del arte/discurso… por amor del cielo, ¿qué corriente principal? ¡¿qué discurso?!. Si fuéramos a decir que hay un discurso “post-moderno” desarrollándose actualmente, entonces el concepto “margen” no tendría ya ningún significado. El post-modernismo, sin embargo, no admitirá siquiera la existencia de ningún discurso de ningún tipo. El arte ha caído en el silencio. No hay más categorías, mucho menos, mapas de “centro” y “margen”. Estamos libres de toda esa mierda, ¿no?.

No. Porque una categoría sobrevive: el Capital. El Capitalismo Demasiado Tardío. El Espectáculo, la Simulación, Babilonia, cómo quieras llamarlo. Todo arte puede ser posicionado o etiquetado en relación a este “discurso”. Y es precisamente y sólo en relación a este espectáculo-mercancía “metafísico” que el arte “externo” puede ser visto como marginal. Si este espectáculo puede ser considerado un paramedio (en toda su sinuosa complejidad) entonces el arte “externo” debe ser llamado in-mediato. No pasa a través del paramedio del espectáculo. Está concebido sólo para el artista y el “entorno inmediato” del artista (amigos, familia, vecinos, tribu); y participa sólo en una economía del “regalo” de reciprocidad positiva. Sólo esta categoría de “inmediatismo” puede por tanto aproximarse a una adecuada comprensión y defensa de los aspectos corporales del arte “externo”, su conexión a los sentidos y al deseo, y su evitación o incluso ignorancia de la mediación/alienación inherente a la recuperación y re-producción espectacular. Atento, esto no tiene nada que ver con el contenido de cualquier género externo ni, en cuanto a eso, importa la forma o la intención de la obra, ni la ingenuidad o conocimiento del artista o los receptores del arte. Su “inmediatismo” está solamente en sus medios de producción imaginal. Comunica o es “dado” de persona a persona, “pecho-a-pecho”, como dicen los sufíes, sin pasar a través del mecanismo-distorsión del paramedio espectacular.

Cuando el arte yugoslavo o haitiano o de los graffiti de Nueva York fue “descubierto” y mercantilizado, los resultados no lograron satisfacer en diversos puntos: –(1) En términos del pseudo-discurso del “Mundo del Arte” toda la llamada “ingenuidad” está condenada a resultar pintoresca, incluso afectada, y decididamente marginal –incluso cuando se vende por altos precios (durante un año o dos). La entrada forzada del arte externo en el espectáculo de las mercancías es una humillación. (2) La recuperación como mercancía involucra al artista en “reciprocidad negativa” –esto es, donde el artista primero “recibía inspiración” como un don gratuito, y entonces “hacia una donación” directamente a otras personas, que podrían o no “devolver” su comprensión o mistificación, o un pavo y un barril de cerveza (reciprocidad positiva), el artista ahora primero crea por dinero y recibe dinero, mientras cualesquiera aspectos del intercambio de “regalos” retroceden hacia niveles secundarios de significado y finalmente empiezan a desvanecerse (reciprocidad negativa). Finalmente tenemos arte para turistas, y la diversión condescendiente, y entonces el aburrimiento condescendiente, de aquellos que ya no pagarán por lo “inauténtico”. (3) O también el Mundo del Arte vampiriza la energía del que está fuera, la chupa toda y pasa entonces el cadáver al mundo de la publicidad o al mundo del entretenimiento “popular”. Por esta re-producción el arte finalmente pierde su “aura” y se marchita y muere. Cierto, la “huella utópica” puede permanecer, pero en esencia el arte ha sido traicionado.

La injusticia de términos tales como arte “demente” o “neoprimitivo” está en el hecho de que este arte no es producido sólo por los locos o los inocentes, sino por todos aquellos que se evaden de la alienación del paramedio. Su verdadero atractivo está en la intensa aura que adquiere a través de la presencia imaginal inmediata, no sólo en su estilo o contenido “visionarios”, sino mas importantemente por su mera presentidad (esto es, está “aquí” y es un “regalo”). En este sentido es más, y no menos, noble que el arte de la “corriente principal” de la era postmoderna –que es precisamente el arte de una ausencia más que de una presencia.
La única forma justa (o “forma bella”, como dicen los Hopi) de tratar al arte “externo” parecería ser mantenerlo “secreto” –rehusar definirlo– pasarlo como un secreto, persona-a-persona, pecho-a-pecho –más que pasarlo a través del paramedio (revistas con pretensiones, trimestrales, galerías, museos, libros-para-la-mesa-del-salón, MTV, etc.). O aún mejor: convertirnos nosotros mismos en “locos” e “inocentes” porque así nos etiquetará Babilonia cuando no la adoremos ni la critiquemos más, cuando la hayamos olvidado (¡pero no “perdonado”!) y recordado nuestros propios egos proféticos, nuestros cuerpos, nuestra “verdadera voluntad”.

Un Potlatch inmediatista

i.
Cualquier número de gente puede jugar, pero el número debe ser predeterminado. De seis a veinticinco parece adecuado.

ii.
La estructura básica es un banquete o picnic. Cada jugador debe llevar un plato o botella, etc. en cantidad suficiente para que todo el mundo pueda servirse al menos una vez. Los platos pueden estar preparados o terminarse en el sitio, pero nada debería comprarse ya preparado (excepto vino y cerveza, aunque idealmente estos podrían ser caseros). Cuanto mas elaborados sean los platos mejor. Intenta ser memorable. El menú no tiene por qué dejarse a la sorpresa (aunque ésta es una opción) –algunos grupos pueden querer coordinar sus esfuerzos para evitar duplicaciones o disputas. Quizá el banquete podría tener un tema y cada jugador podría ser responsable de un plato dado (aperitivos, sopa, pescados, verduras, carne, ensalada, postres, helados, quesos, etc.). Sugerencias de temas: Gastrosofía de Fourier, Surrealismo, Nativo Americano, Negro y Rojo (toda la comida negra o roja en honor de la anarquía), etc.

iii.
El banquete debería llevarse a cabo con un cierto grado de formalidad: brindis, por ejemplo. ¿Tal vez “vestirse para cenar” de alguna forma? (Imagina por ejemplo que el tema del banquete fuese “Surrealismo”; el concepto ‘”vestirse para cenar” toma un cierto significado). La música en directo en el banquete estaría bien, si algunos jugadores se sintieran satisfechos con tocar para los otros como su “regalo”, y comer más tarde. (La música grabada no es apropiada).

iv.
El propósito principal del potlatch es por supuesto dar regalos. Cada jugador debería llegar con uno o más regalos y marcharse con uno o más regalos diferentes. Esto podría lograrse de varias maneras: (a) Cada jugador lleva un regalo y lo pasa a la persona sentada a su lado en la mesa (o algún arreglo similar); (b) Todo el mundo lleva regalos para todos los demás invitados. La elección puede depender del número de jugadores, siendo (a) mejor para grupos grandes y (b) para reuniones más pequeñas. Por ejemplo, si estoy jugando con otras cinco personas, ¿llevo (digamos) cinco corbatas pintadas a mano, o cinco regalos totalmente diferentes? ¿Y los regalos se darán específicamente a ciertos individuos (en tal caso deberían ser creados para ajustarse a la personalidad del receptor), o se distribuirán por sorteo?

v.
Los regalos deben ser hechos por los jugadores, no prefabricados. Esto es vital. Elementos premanufacturados pueden intervenir en la confección de los regalos, pero cada regalo debe ser una obra de arte individual por sí mismo. Si por ejemplo llevo cinco corbatas pintadas a mano, yo mismo debo pintar cada una de ellas, sea con distintos dibujos o con el mismo, aunque se me puede permitir comprar corbatas manufacturadas para trabajar sobre ellas.

vi.
Los regalos no tienen por qué ser objetos físicos. El regalo de un jugador podría ser música en vivo durante la cena, el de otro podría ser una actuación. Sin embargo, habría que recordar que en los potlatches amerindios se esperaba que los regalos fueran soberbios y aún ruinosos para quienes los daban. En mi opinión, lo mejor son los objetos físicos y deberían ser tan buenos como sea posible –no necesariamente costosos de hacer, pero realmente impresionantes. Los potlatches tradicionales conllevaban la obtención de prestigio. Los jugadores deberían sentir un espiritu competitivo al dar, una determinación de hacer regalos de verdadero esplendor. Los grupos pueden desear establecer reglas de antemano sobre esto –algunos pueden querer insistir en objetos físicos, en cuyo caso la música o las actuaciones serían simplemente actos extras de generosidad, pero hors de potlatch, por así decir.

vii.
Nuestro potlatch, sin embargo, es no-tradicional en el sentido de que, teóricamente, todos los jugadores ganan –todo el mundo da y recibe por igual. No se niega sin embargo que un jugador aburrido o tacaño perderá prestigio mientras que un jugador imaginativo y/o generoso ganará “nombre”. En un potlatch verdaderamente exitoso cada jugador será igualmente generoso de forma que todos los jugadores quedarán igualmente satisfechos. La incertidumbre del resultado añade un gusto de aleatoriedad al evento.

viii.
El anfitrión, que proporciona el lugar, tendrá desde luego problemas y gastos extras, así que un potlatch ideal debería ser parte de una serie en la que cada jugador hace de anfitrión cuando le llega el turno. En este caso otra competición por el prestigio recorrería el curso de la serie: –¿quién ofrecerá la hospitalidad más memorable? Algunos grupos pueden querer establecer reglas limitando los deberes del anfitrión, mientras otros pueden desear dejar que los anfitriones tiren la casa por la ventana; sin embargo, en este caso debería haber realmente una serie completa de eventos, para que nadie pueda sentirse engañado o superior en relación con los otros jugadores. Pero en algunas áreas y para algunos grupos la serie entera puede simplemente no ser factible. En Nueva York, por ejemplo, no todo el mundo tiene espacio suficiente para albergar siquiera una pequeña fiesta. En este caso los anfitriones ganarán inevitablemente algo de prestigio. ¿Y por que no?.

ix.
Los regalos no deberían ser “útiles”. Deberían ser atractivos para los sentidos. Algunos grupos pueden preferir obras de arte, a otros pueden gustarles conservas o salsas caseras, u oro, incienso y mirra, o incluso actos sexuales. Deberían acordarse algunas reglas básicas. No debería haber ninguna mediación en el regalo –nada de cintas de vídeo, grabaciones en cinta, materia impresa, etc. Todos los regalos deberían estar presentes en la “ceremonia” del potlatch –así que nada de entradas para otros actos, promesas o posposiciones. Recuerda que el objetivo del juego, así como su regla más básica, es evitar toda mediación e incluso representación –estar presentes, dar presentes.

SILENCIO

El problema no es que se haya revelado demasiado, sino que toda revelación encuentra su patrocinador, su Oficial-en-jefe, su pretenciosa revista mensual, sus Judas clónicos y gente de repuesto.

No puedes ponerte malo por demasiado conocimiento –pero podemos sufrir por la virtualización del conocimiento, su alienación de nosotros y su sustitución por un extraño y aburrido niño cambiado o simulacro –los mismos “datos”, sí, pero ahora muertos .–como las verduras de los supermercados; sin “aura”.

Nuestro malestar (1 de enero, 1992) surge de esto: oímos no el lenguaje, sino el eco, o más bien la reproducción ad infinitum del lenguaje, su reflejo sobre una serie-de-reflejos de sí mismo, aún más autoreferencial y corrompido. Las vertiginosas perspectivas de este paisaje de datos de Realidad Virtual nos dan náuseas porque no contienen espacios ocultos, ni opacidades privilegiadas.

Acceso infinito al conocimiento que simplemente no logra interactuar con el cuerpo o con la imaginación –de hecho la idea maniquea del pensamiento sin carne sin alma –los medios/política modernos como pura acción mental gnóstica, las meditaciones anestésicas de Arqueones y Eones, suicidio de los Elegidos…

Lo orgánico es dado al secreto –secreta secreción como savia. Lo inorgánico es una democracia demoníaca –todo igual, pero igualmente sin valor. No hay regalos, sólo mercancías. Los maniqueos inventaron la usura. El conocimiento puede actuar como una especie de veneno, como señaló Nietzsche.

Dentro de lo orgánico (”Naturaleza”, “vida cotidiana”) está incrustado una especie de silencio que no es sólo mudez, una opacidad que no es mera ignorancia, un secreto que es también una afirmación, un tacto que sabe cómo actuar, cómo cambiar las cosas, cómo respirar en ellas.

No es una “nube de desconocimiento”, no es “misticismo”, no tenemos ningún deseo de llevarnos otra vez a esa triste y oscurantista excusa para el fascismo; no obstante, podríamos invocar una especie de sentido taoísta de “talidad-de-las-cosas” –”una flor no habla”, y ciertamente no son los genitales los que nos dotan de logos. (Pensándolo bien, quizá esto no sea del todo cierto; después de todo, el mito nos ofrece el arquetipo de Príapo, un pene parlante.) Un ocultista preguntaría cómo “trabajar” este silencio; pero nosotros preferiríamos preguntar cómo tocarlo , como músico, o como el juguetón chico de Heráclito.

Un mal sentimiento en el que todos los días son el mismo. ¿Cuándo van a aparecer unos pocos grumos en este tiempo liso? Es duro creer en el retorno del Carnaval, de las Saturnalia. Quizás el tiempo se ha detenido aquí en la Plenitud, aquí en el gnóstico mundo de sueños donde nuestros cuerpos se están pudriendo pero nuestras “mentes” están cargadas en la eternidad. Sabemos tanto –¿cómo podemos no saber la respuesta a esta pregunta tan fastidiosa?

Porque la respuesta (como en el “Harpócrates” de Odilon Redon) no está respondida en el lenguaje de la reproducción sino en el del gesto, el tacto, el olor, la caza. Finalmente la virtu es intransitable –comer y beber es comer y beber–, el palurdo holgazán ara un surco torcido. El Maravilloso Mundo del Conocimiento se ha vuelto una especie de Especial desde el Infierno de la PBS . Demando verdadero barro en mi corriente, verdadero berro. Porque, los nativos no son sólo hoscos, son taciturnos –rotundamente incomunicativos. Vale, gringo , estamos cansados de tus apestosos estudios, exámenes y cuestionarios. Hay algunas cosas que se suponía que los burócratas no deben saber –y así hay algunas cosas que incluso los artistas deberían mantener secretas. Esto no es autocensura ni autoignorancia. Es tacto cósmico. Es nuestro homenaje a lo orgánico, su flujo desigual, sus corrientes que retroceden v sus remolinos, sus pantanos y guaridas. Si el arte es “trabajo” entonces se convertirá en conocimiento y acabará por perder su poder y aun su gusto. Pero si el arte es “juego” entonces a la vez conservará secretos y contará secretos que se mantendrán secretos. Los secretos son para compartir, como todas las secreciones de la Naturaleza.

¿Es malo el conocimiento? Aquí no somos maniqueos de la-imagen-del-espejo, contamos con la dialéctica para romper unos cuantos ladrillos. Algún conocimiento es dadatos, alguno es mercandatos . Algún conocimiento es sabiduría –alguno simplemente una excusa para no hacer nada, no desear nada. El mero conocimiento académico, por ejemplo, o la astucia de los post-mods nihilistas, se transforma gradualmente en los dominios de lo NoMuerto –y lo NoNato. Algún conocimiento respirab –algún conocimiento asfixia. Lo que conocemos y cómo lo conocemos tiene que tener una base en la carne –toda la carne, no sólo un cerebro en un frasco de formol. El conocimiento que queremos no es ni utilitario ni “puro” sino celebratorio. Cualquier otra cosa es una danza de la muerte de dato-fantasmas, los “justos llamados” de los medios, el Culto de la Carga de la epistemología del Capitalismo Demasiado Tardío.

Si pudiera escapar de este mal sentimiento por supuesto que lo haría, y te llevaría conmigo. Lo que necesitamos es un plan. ¿Fuga de la cárcel?, ¿un túnel?, ¿una pistola tallada en jabón, una cuchara afilada, una lima en un pastel? ¿una nueva religión?.

Déjame ser tu obispo errante. Jugaremos con el silencio y lo haremos nuestro. En cuanto llegue la Primavera. Una roca en la corriente, bifurcando su turbulencia. Visualizala: musgosa, húmeda, verdescente como lluvioso cobre de jade desvanecido, golpeado por un rayo. Un gran sapo como una esmeralda viva, como el Primero de Mayo. La fuerza del bios, como la fuerza del arco o la lira, está en el doblarse hacia atrás.

Crítica del oyente

Hablar demasiado y no ser oído, eso es ya bastante repugnante. Pero conseguir oyentes eso podría ser peor. Los oyentes creen que con escuchar basta –como si su verdadero deseo fuera oír con las orejas de otro, ver a través de los ojos de otro, sentir con la piel de otro…

El texto (o la emisión) que cambiará la realidad: Rimbaud soñó con esto, y entonces abandonó asqueado. Pero él abrigaba una idea demasiado sutil sobre la magia. La cruda verdad es quizá que los textos sólo pueden cambiar la realidad cuando inspiran a los lectores a ver y actuar; en vez de a meramente ver. La Escritura hizo esto una vez –pero la Escritura se ha convertido en un ídolo. Ver a través de sus ojos sería poseer (en el sentido del Vudú) una estatua –o un cadáver.

La visión, y la literatura de la visión, es demasiado fácil. La iluminación es fácil. “Es fácil ser un sufí” me dijo una vez un shaykh persa. “Lo difícil es ser humano”. La iluminación política es aún más fácil que la iluminación espiritual –ninguna cambia el mundo, o siquiera el yo. El sufismo y el situacionismo, o el chamanismo y la anarquía –las teorías con que he jugado –son sólo eso: teorías, visiones, formas de ver. Significativamente, la “práctica” del sufismo consiste en la repetición de palabras (dhíkr). Ésta acción en si misma es un texto, y nada más que un texto. Y la “praxis” del anarco-situacionismo viene a ser lo mismo: un texto, un eslogan en una pared. Un momento de iluminación. Bueno, no carece totalmente de valor –¿pero después qué será diferente?.

Podría gustarnos purgar nuestra radio de cualquier cosa que carezca de al menos la oportunidad de precipitar esa diferencia. Así como existen libros que han inspirado trascendentales crímenes, nos gustaría transmitir textos que hagan que los oyentes capturen (o al menos traten de atrapar) la felicidad que Dios nos niega. Exhortaciones a secuestrar la realidad. Pero aún más nos gustaría purgar nuestras vidas de todo lo que obstruye o retrasa nuestra puesta en movimiento –no para vender armas y esclavos en Abisinia –no para ser o ladrones o maderos –no para huir del mundo o para gobernarlo, sino para abrirnos a la diferencia.

Comparto con los moralistas más reaccionarios la pretensión de que el arte puede realmente afectar la realidad de esta manera, y desprecio a los liberales que dicen que todo arte debería ser permitido porque –después de todo– sólo es arte. Así me he dado a la práctica de aquellas categorías de escritura y radio más odiadas por los conservadores –pornografía y agitprop en la esperanza de armar problemas a mis lectores/oyentes y a mi mismo. Pero me acuso de inefectividad, incluso de futilidad. No es bastante lo que ha cambiado. Quizá nada ha cambiado.

La iluminación es todo lo que tenemos, y aun eso hemos tenido que arrancarlo del control de gurús corruptos e ineptos intelectuales suicidas. Sobre nuestro arte: ¿qué hemos logrado, aparte de verter nuestra sangre por el mundo fantasmal de las ideas e imágenes de moda?

La escritura nos ha llevado al mismo margen más allá del cual la escritura puede ser imposible. Cualesquiera textos que pudieran sobrevivir al salto sobre este margen –dentro de cualquier abismo o Abisinia que está más allá– tendrían que ser virtualmente autocreados –como los milagrosos rollos-Dakini del tesoro oculto del Tíbet o los textos-espíritu de escritura de renacuajo del taoísmo– y absolutamente incandescentes, como los últimos mensajes aullados de una bruja o un hereje ardiendo en la hoguera (para parafrasear a Artaud).

Puedo sentir estos textos temblando justo detrás del velo.

¿Y si nuestro estado de ánimo nos llevase a renunciar tanto a la mera objetividad del arte como a la mera subjetividad de la teoría?, ¿a arriesgar el abismo? ¿Y si nadie nos siguiese? Tanto mejor, quizás podríamos encontrar nuestros iguales entre los hiperbóreos. ¿Y si nos volviéramos locos?. Bueno, ése es el riesgo. ¿Y si nos aburriésemos? Ah…

Ya hace algún tiempo pusimos todas nuestras apuestas en la irrupción de lo maravilloso en la vida cotidiana –ganamos algunas, entonces perdimos gravemente. El sufismo era desde luego muchísimo más fácil. ¿Lo empeñamos todo, entonces, hasta el último garabato sin valor?, ¿doblamos las apuestas?, ¿hacemos trampas?.

Es como si hubiera ángeles en la habitación de al lado, más allá de gruesos muros, –¿discutiendo?, ¿follando? Uno no puede distinguir una sola palabra.

¿Podemos reciclarnos en esta fecha tardía para convertirnos en Descubridores del tesoro oculto? ¿Y por qué técnica, visto que es precisamente la técnica quien nos ha traicionado? ¿Trastorno de los sentidos, insurrección, piedad, poesía? Saber cómo es un truco barato de saltimbanqui. Pero saber qué podría ser como el auto-conocimiento divino –podría crear ex níhilo.

Finalmente, sin embargo, se hará necesario dejar esta ciudad que inmóvil flota en el aire sobre el borde de un crepúsculo estéril, como Hamelin después de que todos los niños fueron apartados de ella. Quizá existan otras ciudades, ocupando el mismo tiempo y espacio, pero… diferentes. Y quizá existan junglas donde la mera iluminación esté oculta por la sombra de la luz negra de los jaguares. No tengo ni idea –y estoy aterrado.

Hakim Bey
Traducción: Carlos Barona
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