domingo, 19 de junio de 2011

Itinerario de Toni Negri (Michael Hardt)

Itinerario de Toni Negri
Michael Hardt [1]

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En una entrevista de 1980, en la que Michel Foucault sopesaba el papel público de los intelectuales en la sociedad contemporánea, pensó en el ejemplo de Toni Negri: «Claro que no estamos en un régimen que envía a cultivar arroz a los intelectuales, pero, por cierto, dígame, ¿ha oído hablar de un tal Toni Negri?, ¿acaso no está en la cárcel en calidad de intelectual?» [2]. Por un lado, los comentarios de Foucault apuntan al hecho escandaloso de que un país democrático como Italia, que aprecia la libertad de expresión y de pensamiento, pueda condenar a alguien como Negri por su papel como intelectual. Por otro, sin embargo, tal vez lo más interesante de la observación de Foucault sea que Negri presenta un ejemplo anómalo como intelectual. En efecto, Negri ha creado un modelo poderoso y original de ser un intelectual público y político en las últimas décadas del siglo xx.
Si uno se limitara a seguir las crónicas periodísticas, la biografía de Toni Negri podría pasar por un guión de Hollywood, lleno de aventura, escándalo, intriga, revuelta, encarcelamiento y fuga. En particular, en la prensa italiana Negri ha sido acusado de todo tipo de delitos intelectuales, desde haber sido un «mal maestro» a corruptor moral de la juventud. No cabe duda de que pocas vidas intelectuales presentan una trayectoria similar, y pocas han cosechado tal grado de celebridad, atractivo y tragedia debido a sus actividades intelectuales. Sin embargo, si consideráramos las cosas sólo desde la perspectiva de los mass media y del “espectáculo” comprenderíamos bien poco de la substancia intelectual y política del itinerario de Negri durante los últimos cuarenta años. En efecto, su vida se presenta como una aventura, pero una aventura colectiva de auténtico compromiso intelectual y político.

La anomalía de la trayectoria de Negri como intelectual se remonta a principios de los sesenta y a su estelar carrera académica en la universidad de Padua, en la que empieza a ejercer de profesor titular a una edad extraordinariamente temprana en el campo de la Dottrina dello Stato, una especialidad italiana que se ocupa de la teoría jurídica y constitucional. Siempre se consideró comunista, pero no ingresó en ningún momento en el PCI. De hecho, ya en los años sesenta su trabajo abordaba una crítica de las posiciones comunistas y socialistas europeas desde un punto de vista obrero y de izquierda. Un prolijo estudio de 1964, II lavoro nella costituzione, constituye el centro de su evolución intelectual durante este periodo. En este estudio, Negri reconoce el papel fundamental del trabajo en la constitución de las sociedades democráticas liberales: tanto en los términos de la constitución formal (por ejemplo, el texto de la constitución italiana comienza declarando que «Italia es una república democrática basada en el trabajo») como en los términos de la constitución material de la sociedad y de la producción social. El trabajo se ve incorporado al Estado del bienestar a medida que es incorporado al capital. Desde este punto de partida, Negri desarrolla una crítica marxista del Estado y del capital que involucra a su vez de manera central una crítica del trabajo. Es aquí donde podemos reconocer de forma más clara la separación de la línea política tradicional comunista y socialista del periodo por parte de Negri. La izquierda oficial celebraba y afirmaba el trabajo como medio hacia la liberación, o incluso como la liberación misma. Antes que una liberación [¿por] el trabajo, Negri defendía una liberación del trabajo. El trabajo mismo es un régimen disciplinario que debe ser impugnado y destruido por los obreros.

Uno de los rasgos característicos del compromiso de Negri que se remonta a estos primeros años consiste en que para él los proyectos intelectuales siempre implican una actividad colectiva y cooperativa. Inclusive la formación de conceptos es una actividad de grupo; durante una serie de años un amplio grupo de intelectuales desarrollarán en conjunto una batería de conceptos siguiendo líneas de articulación diferentes pero coordinadas. A principios de los sesenta se unió al colectivo editor de los Quaderni Rossi, una revista que representó el renacimiento del marxismo en Italia fuera del área del partido comunista. El armazón filosófico desarrollado en el ámbito de la revista pasó a conocerse como «obrerismo» (operaismo), y uno de sus conceptos centrales era el «rechazo del trabajo», que no remitía a un rechazo de la actividad creativa o productiva sino más bien a un rechazo del trabajo dentro de las relaciones de producción establecidas. El otro corazón conceptual del operaismo implicaba un proyecto de autonomía de la clase obrera respecto al capital así como a las tradicionales estructuras representativas y estatales, sindicatos y partidos incluidos. La actividad política práctica de Negri en la década de los sesenta culminó con su participación en Potere Opéraio. En muchos aspectos, Potere Operaio era característico de los grupos surgidos al calor de 1968 en toda Europa y en los Estados Unidos. Como sucedió con organizaciones similares en otros lugares, el grupo supuso la fusión entre movimientos estudiantiles radicales y obreros externos y críticos con los partidos políticos y los sindicatos. En particular, Potere Operaio aspiraba a poner en práctica los conceptos de rechazo del trabajo y de autonomía de la clase obrera que Negri y otros teorizaban.

En el siguiente periodo de su actividad intelectual, Negri y sus colegas fueron más allá de los paradigmas del 68. En los años setenta, la obra de Negri continuó concentrándose en el trabajo y en la crítica del Estado, pero el principal emplazamiento del análisis se desplazó al exterior de los muros de la fábrica. Al principio, Negri y sus colegas centraron sus análisis en la clase obrera (por la cual entendían los obreros varones de la fábrica industrial), pero en este momento desarrollaron una idea más amplia de proletariado que pretendía hacer referencia a todos aquellos cuyo trabajo está dominado y explotado por el mando del capital. Concibieron sus análisis como una salida de la fábrica hacia la sociedad. En este periodo, Negri desarrolló una teoría del «obrero social», que trataba de aferrar la nueva figura subjetiva de la producción social y la rebelión. En efecto, este proyecto intelectual puso en cuestión la división conceptual planteada por las concepciones marxistas tradicionales acerca del trabajo productivo e improductivo o el trabajo productivo y reproductivo, así como las divisiones políticas tradicionales entre obreros asalariados, no asalariados y parados. La principal consecuencia teórica de estas teorías fue el reconocimiento de la capacidad de rebelión de todas las diferentes figuras de la producción social, de todo el proletariado en sentido amplio. El trabajo teórico de Negri culmina en este periodo con Marx más allá de Marx, una reinterpretación de la obra marxiana que la prolongaba más allá de los límites de la visión y la época de Marx.

Tras la disolución de Potere Operaio en 1973, Negri participó en lo que vino a conocerse como Autonomía Organizzata, una red difusa de organizaciones locales de toda Italia. Autonomía se oponía firmemente a la idea de un partido de vanguardia y de una dirección centralizada, planteando en cambio la autonomía de los grupos locales. Negri insistía en que la organización política debía plantearse de manera continua el problema de la centralización y la democracia. En las anteriores revoluciones comunistas, la gestión del poder a cargo de un partido centralizado acabó estrangulando la organización proletaria de los poderes, lo que puso fin a la revolución. En este sentido, Negri abogaba por Autonomía como antipartido, una red de organizaciones políticas abiertas y descentralizadas.

A su vez, en este periodo y partiendo de este mismo terreno de luchas sociales, se formaron los grupos terroristas italianos como las Brigadas Rojas. Todo el horizonte de la actividad política en Italia se volvió más complejo y violento desde finales de los años setenta, los llamados «años de plomo». No cabe duda que podemos distinguir entre prácticas políticas terroristas y no terroristas, y es importante hacerlo, tan importante como reconocer que el periodo presentaba un marcado continuum de uso de la violencia, tanto contra la propiedad como contra determinados sujetos. Las manifestaciones de masas cobraban un carácter más violento a medida que se endurecía la represión policial contra las mismas. Negri se opuso continuamente a los grupos terroristas y defendió en su lugar otras formas de intervención política.

Tras el secuestro y asesinato de Aldo Moro [nota del “formateador” de este texto: recuérdese la famosa red GLADIO y hasta qué punto estaba todo el ambiente envenenado por las tramas negras], destacado dirigente de la Democracia Cristiana, en 1978, el gobierno italiano promulgó una serie de medidas de emergencia y redobló sus esfuerzos policiales contra los grupos políticos terroristas y no terroristas por igual. El 7 de abril de 1979, Negri es detenido junto a numerosos exmiembros de Potere Operaio. El fiscal sostenía que esa organización era el origen de la violencia política de los años setenta y que Negri era el líder secreto de una vasta constelación clandestina de organizaciones terroristas -por más que sus esfuerzos de organización política fueran encaminados en la dirección contraria y hacia modelos más descentralizados-. Las medidas de emergencia permitieron que Negri, junto con miles de personas, permaneciera en prisión preventiva durante años sin cargos firmes ni fecha de juicio. Cuando, cuatro años más tarde, Negri fue juzgado, las acusaciones originales de ser el cerebro de las organizaciones terroristas habían sido desestimadas. En su lugar, los jueces le procesaron basándose en gran medida en sus escritos, considerándole responsable «moral» y «objetivo».

En 1983, mientras se celebraba su juicio, Negri fue elegido diputado por el Partido Radical y excarcelado inmediatamente. En el parlamento defendió los derechos de los presos políticos y se opuso a las medidas de emergencia utilizadas por el gobierno para procesarles. Amnistía Internacional denunció a su vez la irregularidad de los encarcelamientos y juicios. Sin embargo, solo unos meses después la Cámara de Diputados votó a favor de retirarle la inmunidad parlamentaria y devolverle a la cárcel. En ese momento, en vez de volver a la cárcel, Negri huyó en barco a Francia, donde permanecería exiliado los catorce años siguientes. Los juicios continuaron sin su presencia y fue condenado en rebeldía.

Sin duda, la cárcel y el exilio impusieron duras condiciones a Negri. La cárcel supuso duras penas físicas, pero el exilio, lo que tal vez fuera aun peor, le separó de los contextos intelectuales y políticos en los que siempre había trabajado. No obstante, Negri hizo de necesidad virtud. Este tercer periodo de su producción intelectual contiene algunas de sus contribuciones filosóficas más importantes, desde su célebre estudio sobre Spinoza, escrito en la cárcel, hasta su impresionante estudio del concepto de «poder constituyente», que se ocupa principalmente de Maquiavelo y los periodos revolucionarios en Inglaterra, Estados Unidos, Francia y la Unión Soviética. En cierto modo, uno podría decir que el proyecto central del pensamiento de Negri durante todo este periodo consistió en reunir (o acaso revelar las resonancias entre) el pensamiento político del operaismo italiano con la nueva filosofía francesa de autores como Michel Foucault, Gilles Deleuze y Félix Guattari. De esa forma, por ejemplo, el proyecto operaista de rechazo del trabajo se encuentra con la idea foucaultiana de resistencia a la sociedad disciplinaria y con la concepción de las líneas de fuga de Deleuze y Guattari. Qué duda cabe, a resultas de ese encuentro todos estos conceptos aparecen transformados. Así, recibimos una nueva versión de la filosofía «posestructuralista» claramente comprometida políticamente. No obstante, Negri continuó las líneas de pensamiento que recorren su obra. En el trabajo de colaboración que hemos llevado a cabo conjuntamente, nos centramos en los cambios recientes de las prácticas del trabajo y del mando capitalista, extendiendo la tradición de la crítica del Estado a las condiciones de la posmodernidad. En la actualidad, ultimamos un libro sobre el Imperio que articula las lógicas culturales, políticas y económicas del orden mundial contemporáneo.

El gobierno francés se opuso repetidamente a las peticiones de extradición de Italia, con independencia del partido en el poder, pero lo impreciso de sus condiciones de residencia le impedían intervenir políticamente. No obstante, se las arregló para introducirse en el ambiente intelectual parisino. En los años ochenta comenzó a enseñar en la Universidad de París VIII (Saint Denis) y en el Collège International de Philosophie. Y, una vez más, una revista hizo las veces de mecanismo generador de un empeño intelectual colectivo. Negri ha sido el motor central de la revista Futur antérieur, que comenzó a publicarse a principios de los años noventa y reunió en un proyecto coherente a una amplia coalición de la izquierda francesa, a menudo dividida por diferencias sectarias. En torno suyo logró construir en París una enorme y articulada máquina de colaboración e intercambio intelectuales.

En el verano de 1997, después de catorce años en París, Negri decidió abandonar el medio intelectual parisino y volver a Italia y, por tanto, a la cárcel. Su principal objetivo ha sido instar al gobierno italiano a encontrar una solución política colectiva para esos cientos de personas que, como él, permanecen exiliados o en la cárcel por sus actividades políticas en los años setenta. El parlamento estudió dos de tales soluciones: un indulto, una conmutación que rebajaría los años suplementarios de pena para los delitos políticos, que los equipararía a delitos comunes; y una amnistía que permitiría el retorno a la vida civil italiana de todos los exiliados y encarcelados. Negri piensa que, habida cuenta de los recientes cambios en el gobierno italiano y de la futura integración de Italia en la nueva Europa, es hora de pasar la página de las actividades políticas y la represión de los años setenta. A su vez, la concesión del premio Nobel a Darío Fo, quien, al igual que Negri, jugó un importante papel contestatario en la izquierda radical italiana en los años setenta, tal vez sea una señal de que ha llegado el momento de dejar atrás el conflicto de aquellos años y reconocer claramente los logros intelectuales que durante mucho tiempo se han visto oscurecidos por anteojeras ideológicas.

El segundo motivo de la vuelta de Negri es el redescubrimiento de una vida política propia en Italia. Un rasgo característico del modelo de intelectual que nos ofrece consiste en la búsqueda constante de una vida radical en sintonía con los tiempos. Tras el largo y fructífero paréntesis del medio parisino, en la actualidad aspira a reinventar el modo de intervención política radical del que pudo gozar con anterioridad. Recordando los diversos cambios de su pensamiento y de su vida, uno percibe el valor que ha demostrado en numerosas ocasiones, dejando a un lado las comodidades de su vida y volviendo a empezar desde la nada, desde una posición de pobreza. Resulta extraordinario que hoy, con 65 años de edad, tenga la energía para reconstruir una vida radical y un proyecto político colectivo desde cero. Son muchos los intelectuales radicales de los años sesenta que se han instalado cómodamente en el gobierno, la universidad o en el mundo de los negocios. En comparación, Negri es una anomalía y un modelo. No ha seguido siendo un radical de los años sesenta (celosamente conservado en hielo) ni ha abandonado sus aspiraciones políticas; más bien ha cambiado con los tiempos, tratando siempre de reinventar el papel del intelectual público y político. En cada periodo Negri ha tratado de descubrir las posibilidades revolucionarias del presente.

Louis Althusser dijo en una ocasión: «Un comunista nunca está solo». Lo cual nos indica un segundo rasgo característico de la figura del intelectual que nos ofrece Negri. Su actividad intelectual siempre es colectiva y colaborativa, siempre va en busca de la intervención social y política. Esta es la razón por la cual cuando decide asumir un grave riesgo personal o una posición de pobreza nunca adopta una figura ascética. La naturaleza colectiva y colaborativa del proyecto político asegura siempre que no se trata de un proyecto de renuncia sino de alegría, una aventura alegre de intervención política e intelectual. Es éste el modelo del intelectual radical que Negri ofrece a nuestra época.

[1] Michael Hardt enseña en la actualidad Romance Studies en la Duke University, Durham, NC. Ha colaborado estrechamente con Toni Negri desde principios de los años noventa, participando asimismo en la redacción de la revista Futur antérieur. Fruto de su colaboración con Negri son los estudios Labor of Dionysus (1994) y el reciente Empire (2000). (N. del E.)

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